Saber a dónde no tenemos que volver

Intervención de Domingo Namuncura, ex vicepresidente del PPD
en el 48 Consejo Nacional PPD del 20 de enero 2018.

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Estimado compañero presidente del PPD y miembros de la mesa,

Estimados     compañeros     del     Consejo

Nacional,

En el reciente Congreso del Futuro, uno de los       científicos    señaló que     ser inteligentes implica saber a dónde se quiere ir, pero que más inteligente es saber a dónde no tenemos que volver.  

El PPD hoy no sabe a ciencia cierta a dónde debemos dirigirnos en el próximo quinquenio. Lo que sí podemos tener claro es a donde no tenemos que volver.

No tenemos que volver a un partido que ha perdido su épica; que se ha tornado clientelar y placentero con el poder.

No tenemos que volver a un partido que perdió sus raíces con la sociedad. ¿Recuerdan ustedes que en sus mejores tiempos el PPD tuvo una Comisión Nacional Campesina con más de 100 dirigentes? Entre los años de 1987 y 1999 el PPD realizó grandes Escuelas de formación política. Tuvimos entre nosotros una Secretaría nacional de asuntos laborales con más de 500 dirigentes sindicales. El PPD llegó a tener una Secretaría Nacional de Profesores con casi 800 maestros. Tuvimos una presencia activa en la CUT, en la ANEF y en el Colegio de Profesores y en diversos gremios del sector público, y varios presidentes de Federaciones estudiantiles universitarias eran militantes del partido. En la sociedad civil, contábamos con dirigentes vecinales, en centros culturales y en todo tipo de organizaciones comunitarias. Nuestros comunales eran potentes y refulgentes.  Todo aquello se perdió en el tiempo, pero no fue por casualidad.

El PPD trazó un camino político relevante entre 1987 y 1999 y la culminación de este proceso fue el arribo de uno de los nuestros a la presidencia de la República. Lo que es un hito en la historia del partido fue también el inicio de un camino en donde gran parte del PPD se burocratizó en las estructuras municipales, parlamentarias y de gobierno. Nuestros militantes, ahora funcionarios del Estado, perdieron su épica social, se distanciaron de la gente, y diversas formas de élite contaminaron nuestra democracia interna con todo tipo de procesos clientelares.  El PPD dejó de ser fuerza de cambio. Nos convertimos en los super héroes de campañas electorales. ¿Se acuerdan? Y dejamos de hacer pedagogía política.

Pero esto es apenas la cáscara de un conflicto mayor. El poder corrompe, pero el poder total corrompe más.

Lo inteligente hoy es no volver, nunca más, al camino que hemos recorrido mal. En tal sentido, somos todos responsables, en diversos grados, por la permisividad del proceso y por conferir a nuestros liderazgos esa suerte de gracia divina ante la cual se rinde pleitesía.  ¿Ha sido el PPD de los últimos años un partido de cortesanos? Es probable. Por eso sostengo que la renuncia de algunos dirigentes no resuelve hoy lo sustantivo, porque lo esencial es abrir un debate profundo acerca de la pregunta más trascendental que rodea hoy al PPD y ésta es si el partido tiene hoy razón de existir. La máxima es que los partidos son un medio y no un fin en sí mismos. Por lo tanto, no debemos tener pudor si finalmente y llegado el caso, arribamos colectivamente a la conclusión de que, lo inteligente pudiese no seguir existiendo, si acaso algunos creen que con algunas elecciones internas y algunas mejoras y adornos logramos sortear la crisis.

Pero no hay que ser totalmente injustos con nuestra historia. El PPD tuvo capacidad de poner grandes nuevos temas en el debate político y la sociedad, finalmente, los integró en su vida cotidiana. Ese es un resultado. El PPD ha formado parte de una coalición política exitosa que ha contribuido a cambiar Chile y mediante diversas reformas hemos convertido al país en una sociedad más amistosa con la justicia social, pero no desarrollamos una pedagogía política ciudadana suficientemente eficaz como para lograr sostener la confianza ciudadana. 

El PPD representó una entidad que convocó a muchas personas, pero nuestra institucionalidad se fue cerrando con el tiempo y quedando cautiva de diversos intereses contrapuestos con una democracia participativa. Nuestro pecado ha sido prescindir del diálogo social y diversas formas de encuentros ciudadanos no fueron más que una fórmula mediática.

Nada de todo esto permite explicar sin embargo la profundidad de la crisis política actual. Nuestra derrota hoy es cultural y tiene efectos políticos y electorales profundos. No se trata sólo de no saber escuchar a las personas sino que, además, hemos sido poco pudorosos en representar mejor los valores de austeridad, solidaridad, compromiso y voluntad de servicio público. Todo esto a pesar de importantes declaraciones y documentos como el Código de Etica militante, el Código de comportamiento de funcionarios públicos y nuestros estatutos que establecen, entre otras medidas, la renovación de dirigentes en el ámbito de la representación popular. 

Coetáneamente, perdimos el olfato político. Ya no supimos interpretar mejor el nuevo Chile de la sociedad global e incluso miramos con cierta displicencia            a          la         sociedad aspiracional, todo ello reflejado en el            calificativo    de       los      “fachos pobres”. El PPD contribuyó a crear una sociedad con mayor igualdad de oportunidades, pero no supimos dialogar con la sociedad sobre el sentido de este proceso, y luego nos lamentamos que la gente se ha alejado de nosotros. 

No saber interpretar a una comunidad humana implica una derrota cultural. Y los resultados políticos y electorales serán en consecuencia. 

Hoy el PPD se enfrenta a dilemas profundos y no hay diagnósticos y respuestas fáciles de corto plazo. Por lo tanto, se hace indispensable volver a convocar a un Congreso doctrinario, de organización y programa. En los 30 años de nuestra historia el primer hito de esta naturaleza fue con motivo de nuestra fundación en diciembre de 1987. El segundo, en el año 2003, con el Consejo Nacional de Ideas y Valores, luego de la crisis del caso coimas. El tercer hito fue en el 2012 con un Consejo Nacional Programático que actualizó nuestra Declaración de Principios y reformó sustancialmente nuestra orgánica y ayudó a delinear la estrategia que lideró el PPD para lograr la transición desde la Concertación de partidos a la conformación de la Nueva Mayoría.

Los desafíos presentes y futuros sólo podrán ser encarados con un nuevo Congreso doctrinario, esta vez, para resolver a dónde queremos ir realmente y lo inteligente será a dónde no tenemos que volver.  Esto requiere un debate intenso y extenso de todos los militantes y adherentes. Se trata de un proceso de verdad participativo y horizontal, en donde lo esencial es escuchar y escucharnos. 

Por eso es elemental no poner la carreta delante de los bueyes. Quienes piensen que las renuncias de dirigentes resuelven los temas equivocan el camino. Se trata de visiones puestas en el pasado. Quienes crean que la crisis se aborda con una decoración de ideas adornadas con limitado sustento, demostrarían estar rezagados respecto de las nuevas dinámicas de las ciencias sociales y políticas y de complejos procesos en pleno desarrollo que ponen en cuestión los paradigmas tradicionales.

Quienes piensen que la crisis del PPD se puede superar con las mismas herramientas de ayer, con los mismos liderazgos inveterados, con relatos anclados en conceptos ya superados por la sociedad global y la ciencia social y todo esto sin esfuerzo inteligente de comprensión del nuevo momento mundial y latinoamericano, ponen al PPD en un camino sin retorno. Electoralmente este partido puede sobrevivir, con sus senadores, diputados, alcaldes y concejales. Pero todo eso es apenas una cáscara. Lo sustancial son las raíces de ideas, actitudes, compromisos, visiones de futuro y voluntad de construir un nuevo relato pero con la gente, acompañando sus procesos y reinsertándonos en la sociedad propiamente tal.

La pregunta central para este sencillo Consejo Nacional es si tenemos la voluntad y compromiso para ir al fondo de esta crisis. Yo creo que sí y creo que no tenemos otro camino, pues lo inteligente es saber a dónde no tenemos que volver.

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Propuestas presentadas y aprobadas por la unanimidad del Consejo Nacional.

1.- Con el objeto de propiciar la más amplia participación militante y ciudadana en la agenda del IV Congreso nacional de Doctrina, organización y programa, instalar una Plataforma digital de carácter plebiscitaria incentivar debates y decisiones.

2.- Con el objeto de no improvisar en la tarea de desarrollar nuevos liderazgos ciudadanos para las próximas elecciones municipal, de gobernadores, cores, intendentes y parlamentarios, desarrollar a partir del segundo semestre del 2018 una Escuela nacional de capacitación de liderazgos.

3.- Para restaurar en el PPD la tradición de sus procesos formativos con amplia participación militante, restaurar sus programas de Escuelas Nacionales y realizar en enero del 2019 la VIII Escuela Nacional de Formación política, en Punta de Tralca, en la quinta región, con una cobertura de 600 participantes de todo el país.

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