"Pasó piolita"

Durante las últimas semanas, el debate en la opinión pública, el Parlamento, el Gobierno, en la derecha, en la Nueva Mayoría, las organizaciones sindicales, y en los gremios empresariales ha estado centrado en temas muy importantes, por ejemplo: el fallo del Tribunal de La Haya, que nos acompañará en la tensión con Bolivia en los próximos años; el viaje del senador Pizarro, que abre la discusión sobre el uso que hacen los parlamentarios de la semana distrital; la utilización por parte de los legisladores y ministros -hasta hace algunos días- del estacionamiento del principal aeropuerto de Santiago; el debate sobre la Ley de Presupuesto; el debate sobre las indicaciones de la reforma laboral; y las declaraciones judiciales del cardenal Errázuriz sobre el caso Karadima, etc.

Cada uno de esos temas es en sí mismo muy relevante y válido para ser debatido y discutido. Sin embargo, “pasó piolita”, sin mayor repercusión, no siendo tema de ningún editorial o análisis político, así como de ninguna entrevista e información en cualquier tipo de medio de comunicación, la última encuesta sobre ingresos de las personas y los hogares en Chile, correspondiente al año 2014, efectuada como siempre por el Instituto Nacional de Estadísticas, INE.

En mi opinión, los resultados de esta encuesta, los diagnósticos que se requieren, los desafíos que implican son tanto o más relevantes que el listado de temas con que se inicia esta columna. Lamentablemente, una vez más, estos temas, que son la esencia de la vida cotidiana de millones de chilenos, pasan inadvertidos frente a la opinión pública.

¿Qué nos dice esta encuesta? Primero, están los engañosos promedios. Por ejemplo, el ingreso promedio de un chileno al mes es de $473 mil; y el ingreso promedio de un hogar chileno está en los $840 mil, pero esos promedios ocultan la lacerante desigualdad de nuestra sociedad. Me voy a referir solo al ingreso medio de los hogares en Chile, agrupados en deciles. El primer decil, es decir, 1 millón 700 mil chilenos agrupados en hogares, tiene un ingreso familiar mensual de $256.900, mientras que su contraparte, el décimo decil, o sea, 1.700.000 chilenos de mayores ingresos, tiene un ingreso promedio por hogar de $2.823.800. Esa diferencia explica -léanme bien, por favor- que, del total de los ingresos del país, el 10% más pobre captura el 2,8%; y el 10% más rico, el 30%. Mirado de otra forma, el 50% de los hogares chilenos, es decir, 8.500.000 personas, vive con presupuestos familiares inferiores a los $676.300. Incluso más, si uno desagregara el décimo decil es más preocupante, porque el 0,001% del 10% más rico captura por sí solo el 6% del ingreso total; el 0,1% del 10% más rico captura el 13% del ingreso total, y el 1% más rico captura el 23% del ingreso total. Por favor, compare estas últimas tres cifras con lo que captura el 10% más pobre, que es solo un 2,8% del ingreso total. En palabras simples, el 1% de los chilenos más ricos captura 10 veces más el ingreso del 10% más pobre. Indecente.

Estas cifras expresan -en mi opinión- el principal problema de la sociedad chilena, que es la brutal desigualdad, y justifica las transformaciones que está efectuando el Gobierno a través del cumplimiento de su programa para construir una sociedad más cohesionada e integrada. Para mejorar estos números, el instrumento a largo plazo es la reforma educacional, y, a corto plazo, la reforma laboral.

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