"Para gobernar un país se requiere buscar acuerdos"

El martes en la tarde, Carlos Montes venía saliendo de la reunión de la bancada socialista con el ministro Alberto Arenas en el Senado para sellar el acuerdo transversal de la reforma tributaria, donde él jugó un rol clave, cuando se encontró con un grupo de asesores del ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, entre ellos el ex diputado DC Exequiel Silva. Aunque visiblemente cansado, el senador PS inició un intercambio de opiniones sobre el estado actual de los proyectos en esa área: “Yo a este señor y al ministro les advertí punto por punto lo que iba a pasar con la reforma educacional, pero no me hicieron caso”, comentó al grupo, mientras indicaba a Silva.

En las últimas dos semanas, Montes ha sido pieza central en dos “giros” de la Nueva Mayoría: la negociación tributaria con la Alianza en el Senado y la apertura a evaluar cambios en el tema educacional, gestos que han contrastado con la tesis de la “retroexcavadora”, instalada en la primera parte del gobierno. Aun cuando destaca que Bachelet ha hecho un gran trabajo promoviendo reformas estructurales en el debate en un tiempo brevísimo, el senador defiende el escuchar a otros sectores y abrirse a cambios. Además, refuerza sus críticas al manejo que ha tenido Eyzaguirre y el Mineduc, y pide que los partidos tomen un rol más protagónico.  

-Si la Nueva Mayoría tenía con holgura los votos para aprobar la reforma en el Senado tal como había salido de la Cámara, ¿por qué se buscó un amplio consenso, negociando y modificando puntos importantes?
-Porque se aprobó lo fundamental y hubo la flexibilidad de ir incorporando distinta gente, organizaciones, intelectuales de la oposición y también de gobierno, e incluyendo distintos tipos de mejoramientos. Y si usted me aprieta y me dice “¿y por qué?”, tiene que ver también porque para gobernar un país se requiere buscar acuerdos. Acuerdos en el marco de un proyecto transformador, pero además porque hay una coyuntura de desaceleración en el mundo que obliga también. Me dijeron incluso que hoy (miércoles) habían subido las acciones, no sé si será verdad o no, me lo dijo (Juan Antonio) Coloma recién (risas).

 -¿El factor económico también pesó en su análisis?
 -Sí, pesó en el análisis del gobierno y de todos que hay una coyuntura de desaceleración que hay que tener presente.

-¿El proyecto tributario como llegó al Senado tenía puntos que mejorar?

 -¡Sin lugar a dudas! Nosotros, los tres senadores de la Nueva Mayoría en la Comisión de Hacienda, lo manifestamos antes que nadie. “¿Qué pasa con los incentivos a la inversión? Mejorémoslos”. En segundo lugar, vimos que al artículo 14 ter había que subirle los niveles, independiente que después subiera un poco más de lo que nosotros planteamos. Pero vimos que había un problema ahí. En la renta presunta, la forma de declarar, también. Las facultades de Impuestos Internos nos parecían muy importantes, que pudiera entrar a los bancos a ver las cuentas corrientes, cosa que quedó en este acuerdo. En fin, muchas cosas que vimos desde antes. Es muy difícil que un proyecto de esta envergadura no tenga o vacíos o necesidad de incorporar otras cosas. Y yo personalmente creo que ahora, en el debate en que estamos, todavía quedan vacíos. O sea, todavía no está bien tratado el tema del FUT histórico; todavía no está claro qué se va a hacer con el FUT acumulado hacia atrás, y eso tenemos que discutirlo, porque es mucha plata la que está ahí. Eso puede ayudar a hacer crecer el país y a moverlo.

 -¿Todos esos no fueron errores de Hacienda? Porque lo que pasó en la Cámara fue que los diputados aprobaron a rajatabla…
-Creo que ellos tenían que cumplir un rol ahí, tenían que dar una señal clara al país. Y eso llevó a que la derecha estuviera dispuesta a asumir de que esto iba. Era un símbolo, pero también con contenido: aquí hay una decisión. Y a partir de esto establecemos otro tipo de relación entre gobierno y oposición. Esto no es un saludo a la bandera, y éste no es un gobierno como los anteriores de la Concertación.

-¿Ahora hay una etapa de más apertura y diálogo?
-Sí. Ahora, todo esto hay que verlo en el proceso. Es muy importante que en educación también se entienda que va a haber un cambio estructural, y que hay posibilidad de conversar sobre el cambio que viene.

-¿Hay una petición del gobierno de dar una señal de apertura?
-Creo que sí, aunque no me consta. En política, si en torno a las cosas que uno está planteando, las cuestiones fundamentales, logra ampliar el apoyo, ¡fantástico! Cuando Salvador Allende dijo “nacionalicemos el cobre”, se preocupó de que todo el mundo estuviera de acuerdo, y fue unánime en este país. La lógica que hay detrás de eso es parecida a la de ahora. O sea, no basta con tener una mayoría en un momento, sino que hay que tratar de darle la solidez del caso.

-¿Y no teme que la foto junto a los presidentes de partido y senadores de derecha les pueda pasar la cuenta en un sector de la Nueva Mayoría?
-Es razonable que en la ciudadanía mucha gente esté mirando esto preocupada. Mucha gente valora que haya acuerdo, pero hay otras personas que dicen: “Esto puede ser más de lo mismo, o puede ser parte de una lógica de acumulación de poder para transformar”. A quienes me han dicho eso yo les planteo que encuentro razonable que piensen así, pero que esto se resuelve cuando sea ley. Yo entiendo que haya gente con desconfianza por la historia. Y, por lo tanto, a todos yo les digo: “Bueno, sigan vigilantes, a ver qué pasa cuando se termina este proyecto”.

-¿Valora que se haya llegado a un consenso más amplio, aunque hubiera que ceder algunos puntos?
-Yo no diría que hubo consenso: hubo acuerdo, porque se mantienen diferencias en distintos aspectos, que es lo propio de la democracia. Es un marco de acuerdo a partir de que hay que generar US$ 8.200 millones de dólares.

EDUCACIÓN: “HA FALTADO DISCUSIÓN”
-En la reforma educacional, el análisis es que la intervención que usted hizo en El Mercurio planteando críticas fue clave para que el ministerio replanteara su estrategia. ¿Qué lo llevó a hacer esas declaraciones?
-No quiero sobrevalorar el efecto de lo que hice. En todo caso, lo pensé bastante, porque yo había estado diciendo eso desde antes…

-¿En privado?
-Sí, lo estaba diciendo en privado, porque a mí me preocupaba que en el centro no estuviera la educación pública. Y me preocupaba que el poder de compra de colegios fuera generando una actitud, reacciones, y que todo lo que es enfrentar el lucro, el financiamiento compartido y la selección requiere una cierta gradualidad y requiere asumir la realidad.

-¿Eso fue lo que vio con la gente de su circunscripción cuando iba a los diálogos?
-Creo que la gente cuando ve que la oferta de educación pública es la municipal, que tiene algunos casos muy buenos, pero otros que tienen muchos problemas, dice: “Bueno, entre eso y un colegio particular, que por lo menos tengo orden, aunque no aprenda mucho… me quedo acá”. Hay muchos estudios: (Harald) Beyer hizo un estudio que dice que  frente a la educación pública y la educación particular subvencionada, la gente prefiere la segunda. ¿Cómo no la va a preferir, si las cosas no están bien así?

-¿Cree que la forma en que se planteó la reforma educacional fue difícil de entender para la gente?
-Creo que no se explicó globalmente. Y se sintieron muy amenazados ciertos sectores, por incomprensión o porque había ciertos intereses afectados que empezaron a movilizarse para involucrar a otra gente. Pero yo creo que aquí hubo un problema de diseño de conjunto: había que hacer todo simultáneamente, fortaleciendo la educación pública.

-Hay analistas que plantearon que el paquete inicial de la reforma apuntaba más a temas económicos y presupuestarios que a educacionales. ¿Está de acuerdo?

-Es muy importante en una reforma de estas características poner los grandes desafíos por delante. Aquí faltó relato, faltó una perspectiva que uniera y que dentro de eso se vieran las distintas modificaciones que se iban a hacer.

-Usted es senador por Santiago Oriente, donde están comunas como La Florida y Puente Alto, que tienen una amplia participación de establecimientos particulares subvencionados. ¿Qué detectó usted en sus conversaciones con los vecinos que le hizo tomar esta postura?

-La Florida fue el lugar donde partió el financiamiento compartido. Para mí no es novedad lo que ocurrió; o sea, que los padres, al ver en riesgo el colegio para sus hijos y las condiciones que habían optado para sus hijos reaccionen, no es novedad. El problema es que el diseño tiene que contemplar eso. Lo mismo que si usted dijera de la noche a la mañana que se va a terminar con la selección… ¡Si la selección hoy en una cierta cultura es una aspiración! No sólo de gente de derecha, también de izquierda: de todos lados. Los padres buscan un lugar para sus hijos que sea bueno en educación, bueno en redes sociales y en disciplina. Son tres cosas distintas.

-Pero entonces el diseño es importante.
-Es muy importante. No basta con hacer leyes: no podemos pasar acá en el Parlamento discutiendo la educación pública un par de años, que es lo que se va a demorar el rediseño, si simultáneamente no movilizamos los colegios desde abajo: desde las escuelas y las salas de clases. 

-¿Faltó debate político interno en la Nueva Mayoría?
-Ha faltado discusión sobre los mecanismos: qué pasos va a dar la Nueva Mayoría políticamente. Eso está discutido en documentos previos, pero una vez que se aterrizan en proyectos, con mecanismos concretos, había que precisarlos. Los partidos tienen que discutir más. Los jefes de partido tienen que asumir su responsabilidad, tienen que discutir los caminos a seguir. ¡Si éstos no son problemas técnicos! Tienen que ver con un proyecto de país, con un gobierno, con las fuerzas políticas que lo apoyan. Yo reivindico la necesidad de que los partidos jueguen un rol mucho más activo en discutir la orientación de las cosas. 

-¿Y eso faltó en la primera etapa?
-Especialmente en Educación. 

-Algunas figuras de la Nueva Mayoría han planteado que en Educación ha habido problemas comunicacionales. Otros, que son problemas políticos. ¿Usted qué dice?
-Yo creo que hay un problema de todo: de diseño, comunicacional y de debate político de las instancias que correspondían, básicamente de los propios partidos. Pero siempre pasa eso: ninguna reforma sale igual a como entró. Lo que creo es que hay que sacar luego las lecciones, de tal forma de no repetirlo.

-¿Cree que el ministro Eyzaguirre debería partir de cero y enviar un nuevo proyecto?
-Lo que requiere, sin lugar a dudas, es preparar un paquete de indicaciones que permita regular la forma de tratar esos tres temas. 

-¿Y cómo evalúa el aprendizaje político que ha tenido la Nueva Mayoría en estos primeros meses de gobierno?
-Tenemos que asumir que estamos iniciando transformaciones estructurales, un nuevo ciclo, y por lo tanto, que eso no es agachar la cabeza y echarle para adelante, sino que tenemos que tener claridad, tratar de hacer bien esas cosas e ir sumando. Aquí los interlocutores no son sólo de la derecha, hay otros sectores sociales, la intelectualidad. Cada reforma requiere precisiones y capacidad de oír a otros.

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