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Opinión: El coronavirus, más allá de una pandemia

Por Pablo Silva C., presidente Juventud PPD

El coronavirus, más allá de los graves problemas que ha contraído para las sociedades del mundo, nos ha puesto por delante un desafío aún mayor para la sobrevivencia del planeta entero: nuestra relación con la Naturaleza.

Durante siglos hemos impulsado incesantemente un modelo de desarrollo completamente desentendido con los tiempos y espacios de la naturaleza. En las épocas más contemporáneas se han levantado ideas para reformular el modelo, reestructurar el sistema o “ecologizar” el capitalismo. Sin embargo, han sido un fracaso.

La sustentabilidad, la sostenibilidad, el “sello” verde, entre otras ideas a mi juicio han sido un fracaso. Efectivamente pueden tener alguno que otro avance, pero en un largo plazo no han tenido los efectos que se esperaban en un principio. He aquí una critica profunda a nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza.

Efectivamente, algunos movimientos y grupos sociales o intelectuales han puesto de manifiesto esta compleja y extensa falta de relación con lo natural. Muchos han cuestionado profundamente no tan solo el modelo, sino que también la construcción misma de la conciencia en torno a nuestra coexistencia con lo naturaleza.

Nuestra conciencia se ha predispuesto a observar a la naturaleza como un ente inferior, indistintamente si tenemos una mirada más o menos progresista. Lamentablemente a la naturaleza y todo lo que en ella contiene (incluyéndonos a nosotros mismos) la hemos visto solo como la proveedora de lo que necesitamos para vivir; solo nos preocupamos por ella solo cuando nos arremete y nos olvidamos cuando nos sentimos conformes.

¿Qué tiene que ver el Covid-19? Simple y complejo a la vez. Solo observen cómo un pequeño virus tiene la capacidad de desplazarse y extenderse a una gran velocidad en muy corto plazo, abarcando a casi todo el mundo, convirtiéndose en un ser mucho más globalizado que el propio ser humano. Observen cómo este ser invisible a la vista tiene tal nivel de letalidad que ha cobrado miles de vidas en todo el planeta en tan solo pocos meses.

Más allá de las teorías conspirativas sobre el Covid-19, el virus es un elemento más (dentro de los miles) que existen dentro de la naturaleza, y como ya lo advirtió la ciencia, es tan solo “la punta del iceberg”. ¿Por qué no pensar que esta pandemia (como otras) es una forma de respuesta de la misma naturaleza a todo el daño que le hemos provocado durante siglos?

Nuestros ojos están vendados por los conflictos del poder, la arrogancia del dinero o la tentación del control. Sin embargo, para la naturaleza nada de esto importa. El coronavirus, como hemos visto, afecta a cualquiera. No importa el poder, el dinero o el control que tengan. Puede ser que el mundo natural así nos muestra nuestra profunda debilidad como especie.

Somos el 90% natural. Nuestro cuerpo y otras partes que componen nuestro ser es simplemente natural. Podemos tener recursos para mejorar nuestro pasar, pero seguimos siendo parte de la naturaleza. Los organismos microcelulares, como los animales y humanos, los parajes naturales e inclusive lugares artificiales, son parte de la naturaleza. Nada ni nadie está fuera de ella.

Podemos pensar que todo lo que hemos hecho para conseguir nuestra “comodidad” tiene un alto precio. Todo lo que consumimos, hacemos o inclusive donde vivimos tiene un gran costo para la naturaleza. Solo consideramos los beneficios que sacamos de ella, pero ¿qué gana la naturaleza en relación con nosotros? ¿No piensas que una simple colilla de cigarro, que botas al suelo, a la naturaleza le cuesta mucho recuperarse del daño que le provocaste por una acción tan sencilla? Me pregunto, ¿cómo te sentirías si hoy mismo la naturaleza te juzga por lo que haces?

Ed Yong, en un excelente texto, nos dice que los microbios existen por todas partes de tu propia casa. ¿Cómo te sentirías si supieras que en el mismo celular o computador que usas para leer este escrito existen miles de microbios que inclusive algunos pueden ser letales?

Aquí no se trata de detener todo un día para otro. Se trata de modificar lo que hacemos, lo que consumimos, cómo lo producimos, cuánto producimos, etc. Se trata de establecer límites que nos permitan una vida en armonía no tan solo entre humanos si no que también con la misma naturaleza. Se trata de ver a la naturaleza como un omnipotente y omnipresente ser completamente vivo que reclama derechos. Un ser que nos ha dado mucho, pero también quiere algo a cambio. Un cuidado. Un respeto.

Aquí ya se termina la concentración. Bajo esta mirada no cabe lugar para el egoísmo o el egocentrismo, o ¿han visto, en algún lugar del mundo, que la naturaleza acumula egoístamente lo que tiene o produce? Todo lo contrario. la tierra y todo lo que hay en ella ha sido sumamente generosa cuando lo necesitamos, pero al tiempo volvemos a traicionarla.

¿Cómo seguiremos? Depende de nosotros. Depende de cómo hacemos y pensamos la política, la sociedad, las ciudades o pueblos, la economía, etc. Depende de cuándo y qué comprendemos. Ya no tan solo basta con soñar, sino que hay que hacer. No necesitas ser Presidente de la República para poder cooperar con la naturaleza, sino que desde nuestra propia casa como también desde nuestra comunidad podemos dar el ejemplo.

También depende de como presionamos a los que aún siguen enceguecidos por el poder y aún no entienden que todo lo que esta ocurriendo es una señal de alerta para lo que nos puede ocurrir en el futuro. Solo depende de nosotros.

La pandemia es solo una advertencia y debemos cambiar.

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