Nueva Mayoría existe porque cambió la sociedad

Por Antonio Leal

Este sector siente que en la Nueva Mayoría las posturas de la DC se ven poco reflejadas y que en ella existe una hegemonía de izquierda que debilita el rol de centro que la DC representa en el cuadro político chileno. Este malestar debe ser recogido, aun cuando es evidente que la DC juega un rol fundamental sea en la formulación que en el trámite de las reformas y que ello no se condice con el lenguaje de victimización que algunos adoptan.

Más allá de lo extemporánea que resulta la afirmación de Martínez sobre los plazos de la alianzas, lo cierto es que este sector de la DC siente nostalgia de una Concertación donde el eje de la centro izquierda estaba predefinido, era el núcleo de las decisiones y jugaba también un rol de contención de reformas que pudieran alterar los equilibrios de una transición que duró 20 años y que se inspiró en la política de los consensos y de los cambios posibles.

Sin embargo, las alianzas políticas no resultan de caprichos o determinaciones cupulares de sus actores, sino que se configuran y existen mientras las condiciones políticas y sociales que permitieron crearlas predominan y al cambiar ellas se modifican y surgen otras que reflejan los nuevos desafíos que se proponen las sociedades.

Ello es lo que ha ocurrido con la Concertación por la Democracia, que le dio a Chile cuatro gobiernos democráticos, reinstaló la democracia, las libertades y una política de equidad que redujo la pobreza y creó nuevas oportunidades para millones de chilenos, pero que cumplió su rol y era estrecha en su conformación y mensaje para el nuevo ciclo político y social, de profundos cambios, que vive Chile y el mundo.

Nueva Mayoría surge como expresión de una sociedad que exige nuevas transformaciones que tocan aspectos esenciales de como el modelo neoliberal articuló la educación, la salud, el sistema previsional, estableciendo un sistema de profunda desigualdad y discriminación que ya no es posible mantener en el siglo XXI.

De una ciudadanía que quiere una democracia participativa, mayores libertades individuales, una política transparente de parte de los partidos, una Nueva Constitución legítima en su origen.

Nadie ha regalado nada a quienes la integran. El PC, cuya presencia en el pacto molesta ideológicamente a Martínez, encabezó con sus líderes juveniles al movimiento estudiantil del 2011 que instaló una Agenda educacional que ha sido recogida por el Programa de Bachelet .

Los proyectos que han sido enviados al parlamento para lograr el fin del copago, de la selección arbitraria y que impulsa la gratuidad para que la educación sea un derecho y juegue un rol integrador en una sociedad profundamente desintegrada y por aquellos, que se enviarán al parlamento en el segundo semestre, que fortalecerán la educación pública y crearán un nuevo escenario en la educación superior, forman parte de la esencia de un compromiso común que la DC y la izquierda, expresadas en la Nueva Mayoría, han comprometido al país.

La duración en el tiempo de la alianza Nueva Mayoría más que de determinaciones en la Junta, en los Consejos o en el Comité Central de los partidos, dependerá del éxito que el gobierno de Michelle Bachelet tenga en imponer las reformas y en que ellas canalicen las aspiraciones de una vida mejor para la mayoría de los chilenos.

La propia suerte de los partidos dependerá de la coherencia que ellos tengan en sostener las reformas, por cierto, con la capacidad de enriquecer, corregir, en el debate político y en el parlamento, los instrumentos que se utilicen y de ampliar la base de acuerdos con que ellas se aprueban.

Por tanto, la frase de Martínez, que suena como una advertencia, no tiene asidero, porque son las sociedades y el nivel de desarrollo que alcanzan, las que determinan el tipo de alianzas que se configuran en el plano político y ellas están cada día más determinadas por una ciudadanía que tiene la capacidad de comunicar, de auto convocarse, de incorporar temas y visiones nuevas en la política.

No estoy entre los que creen que detrás de la frase de Martínez haya un intento de recluir a la DC en un nicho conservador y alejar a este partido del liderazgo de la Presidenta Bachelet. Por lo demás, el enorme apoyo del cual goza la Presidenta no es un liderazgo de la izquierda, ni sirve para establecer una hegemonía de la izquierda, sino es un liderazgo ciudadano, de un país progresista conectado con cambios profundos que todos los partidos de la Nueva Mayoría tienen la obligación política y ética de impulsar.

No hay que olvidar que el momento de mayor hegemonía de la DC fue bajo el gobierno de Eduardo Frei Montalva que impulsó avanzadas reformas en la sociedad y marcó con su figura buena parte de la política chilena. No fueron las políticas conservadoras, ni la forma palaciega de hacer política o los acuerdos de cúpulas lo que transformó a la DC en el primer partido de Chile, sino el encabezar audaces reformas sociales e incorporar a nuevos actores en la vida nacional.

Es cierto que ello ha cambiado, no solo para la DC sino para todos los partidos.Ninguno de ellos tiene, por sí solo, el peso electoral del pasado y esto tiene múltiples y profundas razones sociopolíticas y culturales en un mundo tan distinto como el que vivimos. Pero sectores de la DC viven mal la pérdida de su peso electoral y tienden a dar una lectura equivocada sobre las razones de este fenómeno.

Manifestación de ello es la búsqueda permanente de una referencia a un centro político que ya no es el mismo del pasado o a capas medias que hoy tienen una morfología social, aspiracional, psicológica, completamente diversa de aquellas de la segunda mitad del siglo XX.

No existe más el mundo ordenado en las clases sociales del capitalismo industrial, ni los mega relatos de las ideologías que contextualizaron el mundo en el pasado.Las capas medias no son un grupo social uniforme y cuya expresión política pueda ser categorizada en un partido, son mucho más liberales, transversales y políticamente adhieren a las más diversas opciones. Es imposible hoy decir que un partido es el de la clase obrera o de las capas medias ya que la sociedad está estructurada de manera compleja.

Tampoco en el plano doctrinario es posible establecer irreconciliables diferenciaciones ya que ninguna de las ideologías que dominaron la política del siglo XX, incluido el personalismo comunitario que inspiró el humanismo demócrata cristiano, tienen el peso del pasado en la construcción de la imaginaria y de la subjetividad de las sociedades del siglo XXI.

Por ello, todos los partidos están obligados a reinventarse y parte de ese proceso, en la DC como en la izquierda, es el haber conformado alianzas programáticas de fuerzas diversas para recuperar la democracia, consolidarla en estabilidad y construir mayores condiciones de justicia e igualdad.

Estos objetivos representan valores comunes que son sustantivos y dan sentido a la alianza de centro izquierda. Para ello ha existido la Concertación por la Democracia y para ello existe hoy también la Nueva Mayoría y todo intento hegemónico choca con la razón esencial de que son fuerzas que se necesitan cultural, política y socialmente para llevar adelante procesos de cambios que reúnan la voluntad mayoritaria de los chilenos.

Todos los partidos de la Nueva Mayoría y el gobierno tienen el deber de cuidar esta alianza que da sustento político a las reformas estructurales que el país requiere para su desarrollo.

No es por separado que se ha construido una hegemonía política y cultural progresista en el país, ella nace de la unidad del centro y de la izquierda y del peso que los movimientos sociales y la ciudadanía han adquirido en la determinación de una agenda de cambios, los más profundos que enfrenta la sociedad chilena pos dictadura.

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