Ni avanzar sin transar, ni transar sin avanzar

Por Felipe Harboe en La Tercera

LOS ULTIMOS días hemos observado un debate marcado por las analogías con la industria de la construcción. Unos dicen que la “instalación de faenas” del gobierno ha sido compleja, otros argumentan que tiene “cimientos” sólidos. Hay quienes temen que las mayorías en el Congreso permitan pasar una “aplanadora” y otros amenazan con la “retroexcavadora”. Detrás de ellas se esconde un profundo debate sobre el real alcance de los cambios que debería propiciar la nueva administración y sobre las formas para llevarlos a cabo.

Como nunca antes, la reciente elección presidencial y parlamentaria estuvo condicionada a una visión de sociedad plasmada en el programa. Muchos electores decidieron su voto en razón del compromiso explícito de su candidato(a) con ciertas definiciones, algunas de ellas contenidas en el programa. 

Así las cosas, la mayoría parlamentaria ha inspirado a algunos para “correr el cerco” de las reformas comprometidas e ir más allá, intentando cambios estructurales en el menor tiempo posible. Ello si bien tensiona a la coalición gobernante, pone un peso adicional en el gobierno y sus autoridades. Cuatro años de mandato presidencial son insuficientes para lograr el cumplimiento del programa comprometido. Si a ellos se le suman estas otras exigencias maximalistas, la situación puede volverse compleja. Por lo mismo se requerirá que la autoridad política despliegue toda su destreza para convencer a sus líderes y legisladores que el norte inmediato está dado por los compromisos programáticos, dilatando para un eventual segundo período de la coalición otras reformas igualmente relevantes. Para ello, la consolidación de lealtades entre el Ejecutivo y sus representantes en el Congreso resultará fundamental. 

Otro elemento de tensión lo constituirán las formas de diálogo que defina el gobierno. Así, quienes exigen el ejercicio de las mayorías en primera instancia, propiciarán una discusión al interior de la coalición, dejando a la derecha  sólo la posibilidad de sumarse a las iniciativas gubernamentales. Se trata entonces de un “avanzar sin transar” a fin de evitar que los compromisos programáticos sean desvirtuados con diálogos que no llegarán a puerto debido a diferencias ideológicas entre ambos sectores. Al frente se ubicarán aquellos que consideran que resulta indispensable el “transar sin avanzar”, donde el Ejecutivo inicia diálogo con la derecha y una vez ubicados los puntos de encuentro notifican a su coalición de la necesidad de aprobar proyectos aun cuando ellos no signifiquen un avance sustantivo. 

El ciclo que se inició no permitirá ni lo uno ni lo otro, pues existe un compromiso explícito, un programa que se debe llevar adelante. Para ello se deberá buscar el diálogo al interior de la coalición y también con la oposición a fin de que ésta pueda plantear sus observaciones. Si ellas aportan al enriquecimiento de los proyectos debemos tener la capacidad de incorporarlas; si el diálogo con la oposición resulta un intento dilatorio, la coalición deberá ejercer sus mayorías para avanzar en el cumplimiento programático. Se trata de ser capaces de abrir el diálogo en función de un mandato mayoritariamente transformador, donde la responsabilidad y gradualidad deben ser elementos fundamentales de toda propuesta de avance, tanto en las formas como en el contenido.

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