Michelle Bachelet: “Esto no es un giro a la izquierda”

En Revista Capital

– “En la anterior campaña, un empresario se me acercó y me dijo que algunos decían que yo parecía un corderito, pero que cuando llegara al gobierno iba a sacar las garras y se mostraría la verdadera Michelle Bachelet (risas). O sea, estos fantasmas y estos prejuicios conmigo han existido siempre”.

-Apoyo del PC: “Es mejor que la gente esté sentada a la mesa a que esté fuera, sintiéndose excluida y, por ende, reaccionando de una manera que no es la más constructiva o democrática”.

Cuando el mundo empresarial mira con preocupación las ideas que ella promueve, la ex presidenta acusa caricaturas y fantasmas en tiempos de campaña. Dice que no es a ella a quien hay que temer, sino al peligro que acecha en la desigualdad. Y quien no ha entendido eso, es que no ha entendido nada. 

Corría 2009 cuando Michelle Bachelet llegó sonriente a la tradicional cena anual de la Industria y el aplauso de los empresarios se oyó por todas partes. Entonces, el presidente de la SOFOFA, Andrés Concha, explicó que aquello era un “reconocimiento” a su gestión y a una relación que calificó como “cordial y fructífera”. 

Casi cuatro años después, las cosas claramente se ven distintas. Hoy, Bachelet candidata está lejos de esa luna miel que vivió con los empresarios. Para nadie es un secreto que en el mundo empresarial hay inquietud y varios sienten que hay razones para preocuparse cuando ella incorpora al PC en su base de apoyo, instala la idea de una “nueva mayoría” que supera a la Concertación, planea impulsar una nueva Constitución donde la convocatoria a una asamblea constituyente es una de las opciones y propone una reforma tributaria que implica cambios profundos a un esquema que estiman exitoso para el desarrollo del país. Raya para la suma: ven el riesgo de un nuevo modelo que, en el extremo, podría conducir a lo que hoy se vive en Venezuela o Argentina. En el extremo. 

“Tengo toda la voluntad de seguir trabajando con el mundo empresarial. Pero no se puede englobar a todos en una sola mirada”. Relajada y sonriente, en su comando en calle Tegualda, Michelle Bachelet parece inmune a estas visiones. “Prejuicios conmigo han existido siempre”, resume. Y enfatiza que habrá tiempo para dialogar con quienes tienen temores y para explicar sus propuestas. Por ahora, lograr una primaria masiva, transparente y participativa es su mayor preocupación. 

“Ése va a ser mi foco en estos días que quedan: que mucha gente vote y se manifieste sobre el tipo de país en que queremos vivir, pasando del estado de reclamo y de demanda a la acción”. 

-Por su posición en las encuestas, ¿no siente que ésta es una carrera ganada?

-De ninguna manera. No se llega a la meta hasta que se llega. Tan importante como ganar, es que se exprese que lo que millones de chilenos quieren es el proyecto que quiero encabezar. 

-¿Cómo resume su objetivo?

-Chile ha cambiado. Estamos en un nuevo ciclo político y social. Y no darse cuenta de eso es no entender el país que estamos viviendo. Chile es un país que crece, progresa y es respetado a nivel internacional, de lo cual nos podemos sentir muy orgullosos. Sin embargo, también es un país donde persiste un nivel grande de desigualdad. Una desigualdad que va más allá de la diferencia de ingresos. Un país donde hay abuso, letra chica, excesivo centralismo geográfico, una salud y educación cuya calidad depende de cuánto se puede pagar. Eso no está a la altura del nivel de desarrollo que hemos alcanzado.

Vamos a combatir la desigualdad, lo que implica reducir las diferencias sociales y económicas, pero también las que se expresan en la relación que los consumidores tienen con las empresas; entre hombres y mujeres donde a igual pega no hay igual paga; en que la capital toma las decisiones y no incorpora a las regiones. Queremos que crezca la economía, pero no sólo en algunos sectores o cuando hay viento a favor. Y que haya desarrollo y no sólo buenas cifras. 

-Algunos han dicho que en sus propuestas se nota un giro a la izquierda. ¿Es así?

-Lo que buscamos es incorporar a una enorme cantidad de personas al desarrollo y reducir las desigualdades. Esto no afecta sólo a los más pobres. No es un tema de izquierda o de derecha. No es, como se caricaturiza, un giro a la izquierda, sino un giro ciudadano y un giro hacia las necesidades de lo que estamos viviendo hoy, lo que el país tiene y lo que sus ciudadanos quieren.

En las campañas políticas se tiende a hacer caricaturas y por eso hay sectores que empiezan a sentir a tal o cual candidato como una amenaza. Pero el peligro está en la tremenda desigualdad que tenemos, que es insostenible desde el punto de vista económico porque jamás vamos a tener la productividad necesaria si no somos capaces de mejorar la calidad de la educación y la capacitación. Pero también es insostenible desde el punto de vista de la gobernabilidad y la paz social. Lo hemos visto: gente en las calles, tomas en las escuelas y en las carreteras. El país necesita un liderazgo que pueda gobernar los cambios que están sucediendo y enfrentarlos con propuestas que permitan dar un salto cualitativo hacia un verdadero desarrollo. 

-La incorporación del PC a su campaña generó tensiones. ¿Era necesario hacerlo?

-Hay partidos que se han sentido interpretados con este foco en los temas de la desigualdad y se han sumado a mi candidatura. Todos los que me han apoyado son partidos legalmente constituidos, con representación parlamentaria, con propuestas serias. Habrá distintas perspectivas. Nunca le he temido a eso y lo bueno en democracia es que se puedan debatir las distintas propuestas y se pueda saber cuáles son las prioridades.

Cuando volví a Chile, dije que las tareas que voy a impulsar representan los intereses de una gran mayoría. La construcción de esa nueva mayoría no es la suma de partidos: los incluye, pero no se agota en ellos.

Para garantizar gobernabilidad, necesitamos canales donde estas fuerzas sociales puedan tener expresión. Siempre he pensado que es mejor que la gente esté sentada a la mesa a que esté fuera, sintiéndose excluida y, por ende, reaccionando de una manera que no es la más constructiva o democrática. 

-¿Esto no es contradictorio con la conquista del centro, tan apetecido por los políticos?

-Al contrario, son caminos complementarios porque lo que estamos proponiendo no tiene color político, sino que son demandas transversales que la gran mayoría de la gente anhela. 

-Entonces, para usted quienes dicen que hay una izquierdización porque el PC la está apoyando, es que no han entendido lo que significa esta nueva mayoría.

-No puedo descartar que en algunos casos se haga cierto uso de aquello. Eso demuestra que hay un sector de Chile que tiene fantasmas y desconfianzas sobre determinados grupos políticos, lo cual debemos superar, ya que la nueva etapa requiere construir acuerdos como país sobre temas fundamentales como educación, el sistema político y la salud. 

¿Ministro PC? “Aquí no hubo ninguna transacción”

-¿Qué le va dar al PC a cambio de su apoyo?

-Aquí no hubo ningún negocio o transacción. En las conversaciones con los partidos que vinieron a informar la decisión de apoyarme, las elecciones o un futuro gobierno no fueron tema. Tampoco lo hemos conversado con el PS o el PPD. Si soy electa, tomaré la decisión de quienes considero que son las personas más aptas para formar ese gobierno. Tengo un tremendo respeto por los partidos, pero como presidenta haré lo que creo es lo mejor. 

-¿La posibilidad de un ministro comunista es una opción abierta?

-Quiero decir con franqueza que no le he dado un minuto a pensar quiénes pueden ser ministros en un próximo gobierno. 

-A propósito de la salida de Fontaine del CEP, Mario Vargas Llosa planteó el temor de que usted llegue al poder con una Concertación más radicalizada y alertó sobre los riesgos que ello lleve a una política de corte chavista.

-¡Por favor! Creo que eso es una caricatura típica en las campañas políticas. No sé qué quieren decir cuando hablan de “corte chavista”. Algunos importantes políticos extranjeros han dicho que Chile es una potencia conceptual porque siempre hemos encontrado una manera propia de resolver nuestros problemas y hemos sido capaces de no quedarnos pegados en aquellas cosas que no funcionan, sino de innovar. Si hay algo que no necesitamos es importar soluciones. Además, creo que en Chile todos los sectores han aprendido las lecciones de la historia y existe madurez, responsabilidad y estabilidad necesaria para acometer cambios que son necesarios. 

Los fantasmas del corderito

-Construyó una buena relación con los empresarios en su gobierno. ¿Ha cambiado en algo esa sintonía?

-Efectivamente, logré mantener con ellos relaciones de trabajo y cooperación, esforzándonos en conjunto por sacar adelante este país. Tengo toda la voluntad de seguir trabajando con el mundo empresarial. Pero no se puede englobar a todos en una sola mirada. He estado en reuniones con Conapyme y Asimet, y espero tener una reunión con representantes de las grandes empresas para plantearles mis propuestas, que incluyen una reforma tributaria, una mejor institucionalidad ambiental, impulso a la innovación, reforma educacional que mejore sustancialmente el capital humano, relaciones laborales justas, retomar las políticas sobre clusters y agencias de desarrollo que no se han seguido impulsando. Es decir, una agenda pro crecimiento, pero también pro desarrollo. 

-¿Le han expresado los empresarios preocupación por sus propuestas?

-No, no he escuchado nada de eso con los empresarios con los que me he reunido. 

-¿Diría que no tienen de qué preocuparse?

-Si la pregunta es si yo soy una amenaza para que el país se siga desarrollando, ya he dicho que el peligro es no darse cuenta que no hay sostenibilidad política ni económica si es que no enfrentamos la desigualdad. La propuesta que represento es una donde podamos sumar a las grandes mayorías, y que permite sostenibilidad, gobernabilidad y paz social. Podemos enfrentar los problemas como yo siempre lo he hecho: en forma seria y responsable. Hay quienes creen que nunca hay que hacer una reforma tributaria porque eso va a detener la economía y así se lo han planteado a todos los gobiernos. Entonces la pregunta que me hago es si hay intranquilidad por prejuicios, porque no conocen mis propuestas, o porque no se entiende que Chile cambió y que hay necesidades que atender. 

-¿Cree que esta inquietud a nivel empresarial se irá disipando a medida que la campaña avance?

-En mi primera campaña me sucedió algo parecido. Recuerdo que me invitaron a cenar a la casa de un empresario y me preguntaron de todo. Y a la hora del cafecito, uno de los muchos empresarios asistentes se me acercó y me dijo que algunos decían que yo parecía un corderito, pero que cuando llegara al gobierno iba a sacar las garras y se mostraría la verdadera Michelle Bachelet (risas). O sea, estos fantasmas y estos prejuicios conmigo han existido siempre. 

-¿Esta inquietud es la que está deteriorando las expectativas y, a la larga, el crecimiento?

-Es bueno que sepamos que estamos en un proceso de desaceleración de la economía, de una baja de las inversiones. Por lo tanto, aquí no se trata de decir que estas cosas van a pasar si llego yo al gobierno: son cosas que están pasando hoy. Lo que sí quiero dejar claro es que si llego al gobierno tendremos una potente agenda pro crecimiento, pro desarrollo y pro inclusión social. 

-El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, dijo otra cosa.

-Lamento que el ministro de Hacienda haya entrado en la contienda política con el objetivo de generar inestabilidad en los mercados. Los problemas de la economía chilena son mucho más profundos y están vinculados a la dependencia que tenemos de los recursos naturales. La tarea es cómo mejoramos la productividad y damos un salto en innovación y desarrollo. Yo esperaría de un ministro de Hacienda que estuviera preocupado de esos temas y no de cómo beneficiar a su sector político con declaraciones poco afortunadas. 

-Se extraña la presencia en su comando de economistas de ideas más liberales, ¿o esas visiones ya no son necesarias?

-Las ideas, los análisis y las miradas de todos son muy necesarias, sobre todo cuando estamos en condiciones de hacer realidad cambios relevantes para Chile. 

-¿Qué propone para enfrentar los problemas en energía?

-Debemos retomar la senda de invertir con fuerza en infraestructura productiva, incluyendo la generación y transmisión eléctrica. Esto debe hacerse con total respeto a la sustentabilidad ambiental, haciendo funcionar las instituciones, algo que lamentablemente se ha erosionado en años recientes. La energía, su costo, generación y distribución son piezas centrales del modelo que necesita Chile, y no pueden ser cortoplacistas ni improvisadas. 

-Hoy el Sernac ha tomado mucha importancia. ¿Cómo evalúa la preponderancia que ha tomado la protección del consumidor?

-Peleamos durante años por tener un Sernac fuerte y una institucionalidad pro competencia, con estándares de país desarrollado. La derecha apoyó esos cambios institucionales muy a regañadientes, por eso me alegro que hoy todos levanten esas banderas. Eso me da esperanza de que podemos seguir avanzando. Queremos que el Sernac pueda resolver los reclamos que reciba, asegurando el cambio de comportamiento de la empresa con sanciones monetarias que inhiban futuras desviaciones y transformen el violar los derechos de los consumidores en un muy mal negocio. También instauraremos un nuevo código de conducta para las empresas, que incluya la prohibición de las prácticas que vulneran los intereses económicos de los consumidores. 

-Tras estos casos y el debate sobre el lucro en la educación, ¿está en juego la legitimidad de los empresarios?

-No, eso es hacer una caricatura. Esto es como en la política: hay de todo. Pero nadie está facultado para incumplir las reglas del juego.

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Reforma Tributaria: “El principio del chorreo está desacreditado”

Uno de los ejes de su programa es concretar lo que describe como una reforma tributaria “seria, responsable, gradual, que en ningún caso pone en riesgo la inversión o creación de empleos”. Su objetivo no es sólo aumentar los ingresos permanentes del Estado para financiar la reforma educacional, mejoras en salud y otros programas sociales. También busca mejorar la distribución del ingreso “porque es una paradoja que la distancia entre los ingresos de los hogares más ricos y más pobres es aún más grande después de pagar los impuestos”. 

-¿Cómo juega en este propósito que la economía viene desacelerando y algunos economistas ven que un debate tributario puede afectar la inversión?

-Para aquéllos que no les gustan los impuestos nunca hay un momento adecuado para modificarlos. Una reforma tributaria bien estructurada, con los incentivos bien diseñados y con una aplicación paulatina no es antagónica con mantener el crecimiento.

Hay muchos países, que tienen cargas tributarias superiores a las de Chile, que han alcanzado un nivel de vida sustancialmente superior. La reforma tributaria que estamos trabajando considera incentivos a la inversión y al ahorro que estén de acuerdo al momento económico y nivel de desarrollo que hemos alcanzado. Estos incentivos deben diseñarse con el propósito de potenciar la inversión real, sin los espacios para el fraude y la elusión que existen hoy. Además, estamos estudiando un potente incentivo al ahorro de las personas. 

-¿Llegó la hora de la redistribución? Se lo pregunto porque desde la derecha se argumenta que potenciar el crecimiento ha permitido financiar mayores beneficios sociales y que no tenemos el nivel del producto per cápita suficiente para priorizar la redistribución.

-Crecimiento y redistribución no tienen por qué ser objetivos contrapuestos. Cuando los países de la OCDE tenían un producto per cápita que era similar al que tiene Chile hoy, casi todos tenían cargas tributarias muy superiores a la chilena y sistemas impositivos que ayudaban a la redistribución de ingresos. Esos países lograron crecer, recaudando más y redistribuyendo más. No veo razón para pensar que Chile no pueda seguir el mismo camino. El principio del chorreo, de crecer primero para distribuir después, está totalmente desacreditado en el mundo.

 

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