Lo hecho antes también sirve para lo que podemos hacer ahora

Columna escrita por Sergio Bitar

Estos antecedentes pueden servir para el mejor diseño de las propuestas del movimiento estudiantil, que buscan corregir, reforzar la equidad, la educación pública y el rol del Estado.

Cuando asumí el Ministerio de Educación, en la segunda mitad del gobierno del presidente Lagos, enfrentamos el desafío de ampliar la cobertura en educación preescolar y escolar. Avanzamos en kínder y enviamos el proyecto que creó la Subvención Escolar Preferencial.  En el se dotaba de subvención al pre kínder, que entonces no existía. Con esa ley pusimos entonces más recursos para las escuelas pobres y, en particular,  las escuelas públicas. En 2003 enviamos y aprobamos una reforma constitucional que hizo gratuita y obligatoria la enseñanza media,  que apenas superaba el 80%.  Así alcanzamos gratuidad para 14 años de educación. Continuamos  la Jornada Escolar Completa, con mas horas de clases, que favorecían a los niños vulnerables, nuevas escuelas y liceos (llegamos a entregar una al día), ampliamos banda ancha a los colegios que no tenían, dimos alimentación a los niños más necesitados, incrementamos la cantidad de  textos escolares gratuitos y bibliotecas escolares. Luego se envió y aprobó, de acuerdo con el Colegio de Profesores (refrendado  en plebiscito por  los maestros) la evaluación docente, y luego  una primera ley para la concursabilidad de los directores. Lanzamos un programa especial de inglés y reforzamos el entrenamiento de profesores de matemáticas, entre otros.

Y luego avanzamos en educación superior.

¿Cuál era la situación entonces?: Expansión universitaria descontrolada,  sin regulación. Enviamos y aprobamos, a pesar de la oposición cerrada de la derecha,  una ley de Acreditación de las Universidades y obligatoria para carreras de Pedagogía y Medicina. Y luego se realizó un conjunto de cambios para apuntar a la mayor expansión del financiamiento estudiantil realizada  hasta hoy.  El Crédito Solidario, que se entrega a los alumnos de las universidades del Consejo de Rectores,  se expandió para abarcar con más  becas y créditos a todos los estudiantes  pertenecientes al 60 % de las familias más modestas. Fue un importante esfuerzo, que fructificó en un acuerdo  entre el MINEDUC y los alumnos, intermediando paralelamente con el Ministerio de Hacienda para conseguir más financiamiento.   Nuestra meta era facilitar el ingreso a la educación superior de los jóvenes con merito de familias modestas que no disponían de recursos, y ayudar a las que no podían pagar. Los acuerdos fueron firmados por los dirigentes estudiantiles de la CONFECH en el Ministerio.

Los jóvenes que postulaban  a universidades privadas, no representados en la CONFECH, no contaban con financiamiento, tampoco los IP y CFT.   No podían pagar sus estudios y quedaban fuera de la educación superior,  especialmente aquellos provenientes de las familias de los 2 primeros quintiles, con menores recursos y puntajes.   Algunos padres recurrían a bancos,  que no les prestaban. Y cuando lo hacían, cobraban como si fuera un crédito de consumo, con intereses disparatados, y sólo a las familias de mayores ingresos. El dilema entonces fue buscar más crédito o dejarlos fuera de la educación superior. Buscamos el máximo de recursos disponibles. El Fisco no tenía todos los recursos para dar el salto que queríamos, que ningún joven con mérito quedara excluido por falta de dinero de los padres.  Se acordó,  en esas circunstancias, respaldar a las familias y superar ese bloqueo, a través de un aval  que otorgaría el mismo  Estado. La ley se aprobó por unanimidad en el Congreso. En 2006 partió con 20.000 estudiantes  en 2011 alcanzo a cerca de 300.000.

Se puso otra condición para garantizar la calidad: los recursos estarían disponibles solo para universidades acreditadas.   Los CFT e IP también han  de cumplir requisitos de calidad. Hoy, dos tercios fueron a carreras técnicas, antes restringidas,  y la deserción de los que han obtenido este crédito es la más baja del sistema. También se extendieron las becas de mantención que pasaron de 60.000 a 340.000 entre 2006 y 20010. La  expansión de la matricula está a la vista: más de un millón de estudiantes en educación superior actualmente, alrededor del  45% de los jóvenes entre 18 y 25 años.

Ahora, gracias al tremendo cambio político provocado por el movimiento estudiantil  es el momento de dar un nuevo paso y cambiar ese sistema, con más recursos para acrecentar becas y subsidiar créditos.  Además, se puede hacer converger ambos sistemas  y, a futuro, crear una corporación pública que asuma el otorgamiento y gestión de todos ellos. Debemos hacer una nueva reforma tributaria y avanzar a una gratuidad progresiva.  Y es muy importante instalar un aporte basal a las Universidades del Estado, tema pendiente.

Además de lo expuesto, se impulsaron otras iniciativas en ese periodo. Se avanzó en MECESUP, para la expansión de la infraestructura de las universidades tradicionales. Se creó  un fondo para financiar proyectos de investigación,  gracias al nuevo royalty al cobre, enviado por el Presidente Lagos y  aprobado contra la opinión de la derecha. Y se envió y  aprobó el proyecto de ley  preparado por  la U. de Chile para cambiar sus estatutos.

Mucho se realizó en esos tres años, en medio de las restricciones políticas y económicas que vivimos. No falta la autocrítica, pero es necesario conocer lo que se hizo para hacer algo mucho mejor, gracias al tremendo empuje del movimiento estudiantil Vivimos un momento histórico que recién comienza. La educación pública debe reforzarse más,  y cambiar el papel del estado subsidiario por uno conductor  y garante de una provisión de educación de calidad, reformar el sistema, para reducir  la segmentación y la desigualdad, erradicar el lucro como impulsor del sistema educativo. Lo cual, hecho con inteligencia y en forma gradual, no debe acarrear una dislocación de un grupo de establecimientos escolares que acoge a más de un millón de estudiantes.  Urge reorganizar la educación pública, con más recursos y prioridad del Estado.

Los estudiantes han abierto un nuevo horizonte. Para materializar muchos de esos cambios hay que juntar fuerzas.  El camino no es fácil. El poder que está enfrente es grande. Hay que sumar y no dividir.

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