"Hubo una persecución política de una aristocracia obsesionada con Rodrigo"

EL senador Jaime Quintana, a diferencia de los demás jefes de partidos de la Nueva Mayoría, optó por regresar a Temuco -su circunscripción- y esperar junto a los suyos el inminente cambio de gabinete promovido por la Presidenta Bachelet, que finalmente se realizará mañana. El líder del PPD sabe que, en esta vuelta, su colectividad podría ser una de las más damnificadas con la renovación de los rostros ministeriales, con Rodrigo Peñailillo a la cabeza. Las comunicaciones entre algunos jefes de partidos y el militante PPD dan a entender que el jefe del gabinete no seguiría como conductor del comité político. Para Quintana, Peñailillo debió defenderse de una “aristocracia política” que se obsesionó con la figura del ministro, e incluso deja ver un sesgo de carácter clasista en varias de las críticas que determinaron su pérdida de poder dentro del gobierno.

Usted fue, hasta avanzada la semana, uno de los últimos dirigentes que han defendido a Rodrigo Peñailillo, incluso a pesar de militantes de su colectividad que creían que había que moderar un poco más el discurso. ¿Es una defensa política o una defensa personal?

Yo defendí, defiendo y defenderé a Peñailillo por lo que él representa, es un precursor de la Nueva Mayoría, es uno de sus símbolos y es un fiel representante de la nueva política que pretende imprimir nuestra coalición.

La inminente salida de Peñailillo y el cambio del gabinete suponen un cambio de 180° en el diseño del gobierno. Hay quienes creen que, de cierta manera, se ha puesto en duda la viabilidad de la Nueva Mayoría en el tiempo, por ejemplo, por la situación de Peñailillo. ¿Comparte esa idea?

Si bien Rodrigo es uno de sus símbolos y una de las personas que se la jugaron por la Nueva Mayoría, el proyecto de la Nueva Mayoría se sustenta en el liderazgo de la Presidenta Bachelet y fundamentalmente en el programa, donde todos los actores son de alguna manera u otra relevantes.

Usted denunció una operación de otras fuerzas del bloque, e incluso de funcionarios del gobierno, para sacar a Peñailillo del gabinete. ¿El tiempo le está dando la razón?

Las críticas hacia el ministro han sido desmedidas. Desde Krauss hasta Chadwick, nunca hubo un escaneo tan intrusivo de un ministro del Interior, no sólo en su esfera pública, sino también en su esfera privada. Hubo una persecución política de una aristocracia obsesionada con Rodrigo, con sacar a un ministro que no se juntaba a tomar el té con ellos.

¿A quién se refiere con esto de la “aristocracia política”?

Esta aristocracia política es bastante transversal, por cierto que hay algunos personeros en la Nueva Mayoría.

De sus palabras se desprende que hubo un sesgo clasista en las críticas. ¿Cree de verdad que el tema de su origen social pudo ser un factor? Siempre fue visto como un rostro de la meritocracia.

Creo que sí, creo que hay un sesgo, hay un sesgo clasista en la forma en cómo algunos han evaluado a Rodrigo. Por no ser parte de la elite, por no asistir a determinados clubes, por provenir del sur, por asistir a la escuela pública, yo creo que esa trayectoria de esfuerzo interpreta a muchos jóvenes de este país. Creo que debe hacernos reflexionar, porque luego muchos culparán a Rodrigo de la erupción del Calbuco, del descenso de Cobreloa y del satélite ruso. Tiene que ver con el origen y con la forma en cómo ha ido construyendo su liderazgo. Es bueno entenderlo, porque mucha gente que también tiene origen similar, pero se sienten incómodos de asumirlo o revelarlo, y al revés, hay que sentirse orgulloso de donde uno viene.

¿Cuáles serían, a su juicio, las razones políticas que pesan para que Peñailillo eventualmente salga del gabinete?

La Presidenta finalmente toma una decisión y tiene pocas opciones. Esto no sólo tiene que ver con Peñailillo, sino con el momento que atraviesa la política y que ella describe muy bien en la entrevista con Don Francisco, y más bien esto tiene que ver con la necesidad de un cambio mucho más extenso.

¿Cree que el caso Caval y la compleja relación con el hijo de la Presidenta, Sebastián Dávalos, terminó impactando en la relación de Peñailillo con Bachelet?

Desconozco si ese caso, que fue un caso complejo, difícil de manejar para cualquier gobierno y para cualquier autoridad, afectó esa relación. No tengo antecedentes para avalar una situación como esa, pero claramente fue un caso difícil de manejar, donde no imagino qué otra decisión se podía haber hecho para cambiar la evaluación o la percepción que se tuvo del ministro por ese caso.

Una de las ex asesoras de Dávalos, Erika Silva, afirmó vía Twitter que Peñailillo “no fue capaz de dimensionar el conflicto” en el caso Caval.

Ser gobierno creo que siempre lleva una cuota de lealtad, y quienes no saben ser leales entonces que se dediquen a otra cosa. No se puede salir por Twitter o por las redes sociales criticando a un funcionario de gobierno, eso es mala leche, eso es deslealtad, es falta de profesionalismo y es falta de sensatez.

Algunos analistas señalan que la dicotomía que tiene que resolver Bachelet es entre Dávalos y su hijo político, Peñailillo, y que, finalmente, está obligada a sacar a los dos del gobierno.

Creo que la Presidenta, con todo lo doloroso que fue el caso Caval, e injusto al mismo tiempo, porque no me cabe duda que la apreciación pública es distinta y está acreditado que ella no tuvo responsabilidad en ese caso, separó los dos temas. Un tema que es personal, que es doloroso, con una decisión de Estado. El cambio de gabinete, más allá de Peñailillo, tiene que ver con una decisión política del gobierno en su conjunto.

¿Tiene que ver la postura que adoptó Peñailillo frente a la elección del PS? En especial el tema de los que estaban a favor de las reformas y los que no, que terminó siendo un misil a la opción de Escalona.

Yo creo que el gobierno y, en particular, Peñailillo fueron muy cuidadosos de la elección interna del PS. Creo que nadie puede, y eso lo saben bien las dos listas que compitieron, acusar ni al ministro ni a sus colaboradores de haberse inmiscuido en lo más mínimo en ese proceso electoral. Por supuesto que hubo una discusión de los viejos estandartes y el manejo de la crisis, y la elección del PS coincidió con una discusión respecto de cómo se manejaban las crisis. Y quienes dicen que los viejos estandartes podían haber manejado mejor la crisis les cuento que los gobiernos pasados tuvieron crisis iguales o más grandes, pero Chile era un país muy sumiso, no había redes sociales y era temeroso con los militares. Hoy, Chile está más maduro democráticamente y esa es la parte llena del vaso.

¿Escalona y Aleuy cumplen algún rol en una posible salida del ministro?

(Se toma unos segundos) No veo cómo pudieran haber jugado un rol para la caída. Probablemente, hubo intentos de desestabilizarlo, sí, desde el interior de la Nueva Mayoría y, claro, también hubo fuego amigo recibido por Peñailillo, sin duda, pero no creo que exista un rol en ellos.

¿El fuego amigo provino de la Nueva Izquierda, del escalonismo?

Yo no hablaría de tendencias ni mucho menos de un partido, yo diría que existieron declaraciones durante la etapa final del PS, que no sólo debilitaron al ministro, sino que debilitaron al gobierno en su conjunto. Pegarle a Peñailillo era pegarle a Bachelet y al gobierno, y eso no fue medido por parte de algunos sectores, que pensaron que se podían separar los actores. No ocurría antes ni va a ocurrir en el futuro con el nuevo gabinete, así que sería bueno que todos aprendamos de una vez la elección. Cuando alguien le pega a un ministro, les pega al gobierno y a quien lo conduce. Por eso es importante la manera en cómo se comportan los ministros.

En la eventualidad de que Peñailillo salga, ¿Aleuy debería dejar también el gabinete?

La conformación de los equipos corresponde a la Presidenta.

¿Cuál es la proyección política que el PPD ve para el ministro Peñailillo si es que llegara a dejar el gabinete?

Rodrigo tiene una proyección indudable y es un verdadero capital político del PPD. No nos olvidemos que los primeros logros del gobierno tienen su sello, fue capaz de concretar leyes que estuvieron estancadas históricamente en el Parlamento, y ahí hubo una decisión clara del gobierno de la Presidenta que estuvo claramente implementada por Peñailillo. Estoy seguro de que sabremos valorar la gestión de Peñailillo, el juicio de su gestión será por los 14 meses y no por los últimos 10 días.

Si se concreta, la salida de Peñailillo marcaría la caída del último miembro del círculo más íntimo de Bachelet que se constituyó a partir de su primer gobierno. ¿A qué se debe la disolución total de ese equipo?

Creo que todos los gobiernos tienen momentos y son los jefes de Estado quienes van definiendo esos tiempos y van escogiendo a los actores para esa tarea, eso no significa que Rodrigo no pueda cumplir otra tarea en otras áreas. Las capacidades, su condición en el manejo de conflictos, su conducción de las emergencias, le permiten asumir cualquier función pública.

¿Sería una derrota para el PPD?

Para el PPD sería muy doloroso, no lo puedo ocultar, por lo que Rodrigo representa, por su compromiso y lealtad con la Presidenta y con el gobierno, pero uno entiende que la política basada en la discusión del devenir de la polis se desarrolla en contextos complejos y, por tanto, entendemos las decisiones que tuvo que tomar la Presidenta y estaremos muy orgullosos de lo que hizo Rodrigo en estos 14 meses, y estamos seguros de que tiene un capital político que va a poder desarrollar en otras esferas.

Otro cuestionamiento a Peñailillo es la gran cantidad de asesores, en buena parte de los ministerios, de su grupo afín, la G90. ¿Cuál es su opinión de ese grupo?

Son un grupo de personas con trayectoria similar, con ideas, con objetivos políticos, pero ante todo son parte del partido y han sido un leal apoyo de Bachelet como muchos otros sectores del partido y de la Nueva Mayoría. La cantidad de asesores pasa en todos los gobiernos. De hecho, entiendo que no se denominan así, se les puso ese nombre y se les asocia una cierta identidad, pero en todos los gobiernos es normal que existan múltiples asesores y creo que los gobiernos se construyen en base a la confianza.

¿Cree que el diseño de ese grupo, ingresando al gobierno, pudo moderarse?

El definirse como un sector creo que pudo afectar en algún momento.

El PPD ha tratado de posicionarse como el partido más leal a la Presidenta, y con este ajuste de piezas podría perder terreno en el gobierno. ¿Cambia en algo la postura del partido frente a Bachelet?

No, en absoluto, estamos comprometidos con la Presidenta, con su programa, es el partido más ordenado del curso y con la incorporación de nuevos compañeros seguiremos actuando igual. Nos sentamos adelante y salimos al frente para respaldar a nuestros profesores y los contenidos de la materia, porque creemos en lo que estamos haciendo.

¿Hay cuentas pendientes con el PS? ¿El partido no se portó a la altura de las circunstancias?

En los cursos siempre hay algunos alumnos que son más desordenados y a veces son los más escuchados. Espero que eso no siga ocurriendo.

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