Helia Molina: "Es la mujer la que apechuga en el embarazo, no el cura"

Hace algunos años, décadas más bien, la ministra de Salud, Helia Molina, ya enfrentó la sensible línea divisoria entre el Estado y la fecundación. Fue en mayo de 1974, tras el Golpe de Estado que acabó con el gobierno de Salvador Allende donde, con cuatro meses de embarazo, fue detenida por actividades subversivas, en el entendido de que atender en el Consultorio Unidad Popular del campamento del mismo nombre (actual sector de Los Castaños, La Florida) fuera un ejercicio insurrecto a ojos de los militares.

Pese a ello, a los días pudo salir en libertad, previa ayuda de su jefe en el Hospital Sótero del Río, su otro trabajo. Y no obstante llevar un embarazo en prisión, a Molina eran otras cosas las que la vulneraban. “Debo decir que este país es tan clasista, que ser rubia y tener ojos verdes me sirvió. Me decían “doctora”, a diferencia de la gente morena, con quienes barrían. Eso me violentaba”, rememora.

Por entonces, Helia Molina, egresada hacía poco de Medicina de la Universidad de Chile, se sentía involucrada con el gobierno de la UP. No militaba en partidos, su actividad política la remitía en el consultorio del campamento donde, recuerda medio emocionada, hacía “educación popular” junto a la directora del recinto, la médico socialista Elena Gálvez. “Mostraba diapositivas que me había comprado del Louvre. Les mostrábamos cómo era la Mona Lisa y así pasamos los fines de semana. No era proselitismo”, precisa.

Tras su detención en el regimiento de Puente Alto, su embarazo se llevó a cabo sin complicaciones, siguiéndole otros cuatro hijos más. Y no volvió a participar en política hasta la fundación del PPD. Desde allí colaboró y trabajó en diversas instancias en las políticas de salud de los gobiernos de la Concertación. “Un cuadro técnico”, la califican en su partido.

Por eso, pocos sabían de Helia Molina una vez designada como ministra de Salud, cargo desde el que ha tenido que protagonizar el debate sobre el aborto terapéutico.

¿Qué le parece la discusión por la interrupción del embarazo, ministra?

Es tremendamente frustrante. Me parece pequeño llevar una discusión de esta naturaleza a una posición de malos y buenos, de provida y contra la vida, porque no es así, es una falta de respeto para los ciudadanos. La gente no es tonta, ni tarada, ni oligofrénica para que se trabaje con ese tipo de argumentos.

La Iglesia ha adoptado una postura dura frente a este tema.

Yo soy súper empática con la Iglesia. Entiendo que la Iglesia esté en contra de cualquier modelo para lo que considera vida, que a veces es el puro latido cardíaco y de vida, nada. Yo respeto las posiciones ideológicas, filosóficas y religiosas, pero resulta que los gobiernos no están al servicio ni de ideologías ni de religiones.

El subsecretario de Salud Pública se ha manifestado contrario a legislar sobre aborto terapéutico.

Pregúntele a él, porque he conversado mucho con él y es un experto en bioética. El me explicó, porque yo no conozco sus intervenciones previas, y me dijo que lo que había hablado en el Senado era una visión bioética. Pero pregúntenle a él, también les puede dar una entrevista.

Perdone, ministra, pero usted es la autoridad máxima de Salud…

Pero cómo voy a poder traducir lo que dijo el doctor hace tiempo. Sólo le puedo decir lo que le escuché a él y está sumamente alineado a esto. No tiene ninguna reserva.

¿No es complicado que Jaime Burrows sea la cara visible de esta discusión?

Miren, yo creo que no es ningún pecado haber hecho un análisis desde el punto de vista de la bioética. Podía tener una visión en contra, pero me dijo que nunca ha estado en contra.

Se está discutiendo la posibilidad de que los médicos, ante el caso de un eventual aborto terapéutico, puedan oponerse mediante la figura de “objeción de conciencia”. ¿Cuál es su postura?

No estoy de acuerdo. Si usted me dice que estamos proponiendo que si un niño nace con una oreja chueca lo vamos a matar, bueno, yo sería la primera que estaría poniendo carteles afuera de La Moneda. Estamos hablando de situaciones súper precisas, estrictas y acotadas, que tienen que ver con el embarazo producto de una violación. Si la persona violada es capaz de hacerlo y quiere tener a su hijo, bien pues, nadie la va a estar estimulando para que aborte. Pero si esa persona que fue violada, castigada, traumatizada, dice ‘yo no quiero tener este hijo porque cada vez que lo miro voy a ver en él a mi violador’, tiene derecho, es su cuerpo, es su vida. Es la mujer la que va a apechugar con eso toda su vida, no va a apechugar ni el cura, ni el de la UDI, ni nadie. Ella nomás. Son situaciones tan acotadas, que no veo en qué medida el médico va a tener objeción de conciencia. Los médicos que trabajan en el sistema público tienen que estar alineados con las leyes del Estado, con los mandatos que tienen los servicios de salud.

Legisladores del oficialismo evalúan la posibilidad de entablar una acusación constitucional contra el ex ministro de Salud Jaime Mañalich. ¿Qué opina?

Las acusaciones constitucionales son una prerrogativa del Poder Legislativo, por lo tanto, no tengo ninguna injerencia en eso. Lo más importante es definir responsabilidades en un contexto de transparencia para el país, nada más. Es importante saber, por ejemplo, que de los cuatro mil millones de dólares que tenemos para invertir, vamos a tener que pedir más plata. Ojalá me la den en Hacienda para hacerme cargo de lo que quedó pendiente, porque lo anormal es que haya comenzado a construirse un hospital en el gobierno anterior de Bachelet, haya quedado botado en dos años del gobierno pasado y todavía esté botado, como el hospital de Calama y el de Pitrufquén. Pero hoy estoy dedicada a sacar adelante el programa de gobierno, no quiero gastar energía en identificar culpabilidades.

¿Ha sido difícil hacer su gestión con figuras del gobierno anterior criticándola de forma permanente? En especial Jaime Mañalich, una figura fuerte…

Yo no lo he visto fuerte, lo he visto con un discurso medio desinflado, sin mayor potencia. No sé cuál es su objetivo, no me interesa tampoco. En Salud no he personalizado nada y uno podría decir que todo lo malo que pasó es culpa de Mañalich, porque él era el ministro, pero es muy básico decir eso, me parece picante decir algo así. No me interesa basarme en enganchar en que me digan ignorante o que me digan que si no me visto de negro me voy a parecer a la Yolanda Sultana, algo que salió en un diario. Ahora, lo más difícil es generar los equilibrios políticos al interior de los gobiernos para los que no tienen tanto roce como yo. Sin embargo, uno aprende.

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