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Hambre en Chile: No podemos abandonar a la gente

En marzo de este 2020, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicó un estudio titulado “¿Cómo es la vida en Chile?”. En este documento se indica que el 53% de los chilenos está en riesgo de caer en la pobreza si no recibe ingresos durante tres meses, demostrando el nivel de vulnerabilidad económica que existe en las familias de nuestro país. Cabe destacar que de los 28 países OCDE que cuentan con este dato estadístico, el nuestro ocupa el quinto lugar dentro de los más altos niveles de riesgo y esta pandemia por Covid-19 ha dejado en evidencia que lo indicado en el estudio no está lejos de la realidad.

Pero una cosa son las cifras y datos plasmados en un documento, y otra vivir y conocer la pobreza y vulnerabilidad social. Como muchos, no he podido quedar indiferente ante la necesidad de la gente. Vivo en Villa Alemana, Región de Valparaíso, y conformamos un equipo de trabajo para poder llevar alimento a familias que están necesitando una mano amiga ante esta fuerte crisis. Hace unos días montamos esta campaña solidaria, que nos permitió la primera semana entregar 120 almuerzos a 2 juntas de vecinos, pero hoy ya logramos llegar a los 400 almuerzos en 10 juntas de vecinos.

En esta labor ha sido fundamental el apoyo de las y los dirigentes sociales, pues sin ellos no sería posible llegar con mayor facilidad a quienes realmente más lo necesitan.
Son ellos quienes, en verdad, conocen la realidad que se vive en sus territorios, situación que ya lo advertía nuestra diputada Carolina Marzán, quien en una entrevista realizada hace unos días llamaba a sumar “a las organizaciones sociales, porque tienen un diagnóstico certero de lo que está sucediendo en sus comunidades”, refiriéndose a cómo debemos enfrentar de mejor manera la pandemia actual. Claramente, por mi experiencia, es necesario sumarlos a esta causa.

Es fuerte ver cuando llegan adultos mayores, con vergüenza y los ojos rojos de pena y rabia acumulada, de llanto contenido, por no tener recursos para llevar un plato de comida a su hogar, diciendo “vengo a humillarme”, cuando llegan a recibir un plato de almuerzo solidario. Por supuesto que no es nunca una humillación, menos en un momento como este, recurrir a la ayuda cuando no se tiene. Esta pandemia solo debe sacar lo mejor de nosotros, más humanidad y solidaridad. Sin embargo, se entiende la impotencia la gente y sin duda a muchos nos indigna esta situación.

Por eso la indignación debe transformarse en acción. Nuestra iniciativa de comedor solidario claramente no va a solucionar el problema en toda la comuna, ni en el país o el mundo, pero tengo la convicción de que pequeñas acciones unidas pueden generar grandes cambios, y ya lo estamos viendo cuando dos de las juntas de vecinos donde comenzamos están realizando su propio comedor en los días en que nosotros no podemos acudir. Precisamente es esta actitud la que queremos motivar.

He sido testigo de que la comunidad en nuestro país se está organizando de forma solidaria implementando ollas comunes, iniciativas muy valiosas que debemos apoyar, pero que no deberían ser necesarias si tuviéramos un modelo económico, social y medioambiental más equilibrado. Como ejemplo de esto, Chile está tercero dentro de los países más desiguales de la OCDE, con un coeficiente de Gini de 0.46. Por todos estos motivos es que el Estado debe tomar un rol protagónico, para proteger a las personas y sus vidas, es un deber y una prioridad en esta situación de pandemia actual.

¿Realmente podemos dormir bien mientras la gente, niños, niñas y adultos mayores están pasando hambre? No en mi caso. Que el drama que vemos a diario en matinales y canales de TV remuevan la conciencia de los que sí tienen y pueden ayudar a los que más lo necesiten.

Por Pablo Santander Acevedo

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