Entrevista al Ex Presidente Ricardo Lagos

“Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire de toda nuestra extensa latitud silenciosa…”. Imitando -con éxito- la voz de Pablo Neruda, el ex Presidente Ricardo Lagos recita versos del “Canto para Bolívar”, del poeta cuya imagen se impone en el primer piso de su fundación, Democracia y Desarrollo.

Se ve contento el ex Mandatario. A sus anchas. El miércoles comenzó con los empresarios aplaudiéndolo de pie en el encuentro organizado por Icare. Le sucedieron llamados de diferentes sectores para felicitarlo y destacar afirmaciones como “aquí no hay problema financiero, aquí falta decisión política”. Y terminó la jornada escuchando a Joaquín Sabina, donde siguieron comentándole su exposición antes de que las luces se apagaran.

Al contrario del espectáculo, para Lagos los focos sí están encendidos. Lo saben él, La Moneda, los empresarios, el oficialismo y la oposición.

En entrevista con “El Mercurio”, el ex Jefe de Estado se explaya en sus dichos tras el remezón causado.

En su oficina continúa analizando el déficit que observa en infraestructura: “Bajamos la guardia, no mantuvimos el ritmo y eso es lo que uno echa de menos. Lo que reclamo es que haya una continuidad en las tareas gubernativas de este tipo”.

Tampoco lo tiene del todo satisfecho la reforma tributaria. Si bien asegura que es necesaria y que no es un factor que genere incertidumbre, tiene sus reparos.

“No quedé contento con el impuesto verde. La mayoría de los que contaminan están exentos. Pensé que lo iba a tramitar el ministro de Medio Ambiente. Yo le dije al ministro Arenas: ‘ministro, ¿por qué no se lo dejó al ministro de Medio Ambiente?’. Pero qué le vamos a hacer, uno no puede ganar en todo. Ya llegará el momento de revisar cómo se hace que el impuesto verde sea para los que contaminan”.

Se expresa con respeto hacia la Presidenta Michelle Bachelet. “Ha sido tremendamente exitosa en plantearle al país tres temas centrales: reforma tributaria, el tema educacional y los cambios políticos a la Constitución, que son cosas muy fundamentales que hay que hacer”.

-En Icare usted dijo que los gobiernos se construyen sobre los hombros de sus antecesores. ¿Cómo se relaciona eso con la mirada refundacional de algunos sectores del oficialismo, que ven los consensos de los 90 como algo negativo?
-No son cosas comparables. Porque en los 90 o había consenso o no había ley y nos quedábamos con lo que había. O yo llegaba a acuerdo con la oposición o no me aprobaba la ley, porque tenía minoría en el Congreso. Ahora no. Porque ahora, si no llego a acuerdo, impongo mi punto de vista.

-Pero esto lo sabe la Nueva Mayoría, ¿por qué un sector está hoy con la postura de la retroexcavadora y evade los acuerdos?
-Esos temas son menores, son del ir y venir de la política. Cada día tiene su afán. Hace tres, cuatro años, antes que salieran los estudiantes a la calle, yo dije que estábamos ante un nuevo ciclo político y socioeconómico. En este nuevo ciclo se requieren nuevas formas de abordar los problemas. Mi llamado era “pensemos cuáles son las tareas para adelante”. En ese sentido, se puede decir que eso es refundacional, porque es otra etapa. Pero de fondo, se quiere seguir con los mismos propósitos del accionar político, que es tener una sociedad mejor, más inclusiva, donde todos tengan las mismas oportunidades. A ratos el debate entre refundacionales y los que no lo son es poco realista.

Hace una pausa, y continúa: “A veces vas a necesitar una retroexcavadora para cambiar algo de raíz. Yo en Caleu tuve que llevar una retroexcavadora para trasplantar unas palmeras, pero era para poder reemplazar unas palmeras por otras, era para preservar las palmeras”, dice entre risas.

-¿Cree que un sector está echando de menos la antigua Concertación?
-Solo en el tango 20 años no es nada. Pero 20 años son muchos años. Cuando tienes a un ministro como Peñailillo, gran ministro, de 40 años, es de otra generación. Cuando dice que el 92 fue presidente de las juventudes del PPD, yo ya venía de salida de la fundación del PPD. Es otra forma de mirar, ¡y en buena hora!

“Si todo termina en la justicia, quiere decir que la toma de decisiones no está clara”

-Usted señaló, también, que “no hay problemas financieros, sino que falta decisión política”. ¿Cómo debe enfrentar eso el actual gobierno?
-Me refiero a la decisión política en el sentido de definir una política de largo plazo. Y a partir de eso, fijar los temas del presente. En la relación público-privada, es el sector público el llamado a definir cuáles son los propósitos finales, y ¿por qué el sector público? Porque eso lo definen los ciudadanos y ciudadanos somos todos. Por ejemplo, el documento que presenté el otro día sobre Minería se lo entregamos al Gobierno tras un trabajo de 12 señores que nos juntábamos los jueves una vez al mes. Se lo dimos a la Presidenta y ella tomó la decisión política de dar instrucciones a la ministra de Minería y al ministro de Hacienda. En eso hay decisiones políticas. Y ojalá podamos terminar como Suecia o Noruega, que tienen un lineamiento claro de cuáles deben ser las normas a las que se sujeta la política minera y, de paso, resolver los problemas difíciles para evitar la judicialización.

-En el tema energético también los privados son actores clave. ¿Faltan reglas claras para evitar la judicialización?
-Si todo termina en la justicia, quiere decir que la toma de decisiones no está claras. En la conversación que tuvimos aquí para el tema minero, por ejemplo, surgió si la consulta a las comunidades donde están enclavados los recursos mineros es vinculante o no. Yo dije que me parecía un poco injusto porque le daba derecho a veto a un grupo sobre algo que era de todos los chilenos. Para mi sorpresa, un empresario dijo: “Yo estoy de acuerdo que sea vinculante y me la jugaré por que se apruebe, pero si no, yo junto mis papeles, pierdo la plata y me voy. Pero de igual manera pido que sea vinculante si se gana”. O sea, que ninguno de esa comunidad pueda, después, presentar un recurso a los tribunales.

“Cuando hay una sensación de que una decisión de la autoridad no fue clara, la tendencia de recurrir a los tribunales es grande. Y los tribunales no están para eso, para ver si un proyecto cumplió o no ciertos requisitos ambientales. El otro día el presidente de la Corte Suprema, el ministro Muñoz, me decía: ‘lo que pasa es que nosotros no estamos para resolver esas cosas, no es que nos neguemos a hacerlo'”.

-¿Esa falta de claridad causa que algunos proyectos opten por retirarse?
-Oiga, si HidroAysén comenzó en el gobierno mío, ¡qué quiere que le diga!

-¿Qué habría hecho usted en el caso de HidroAysén?
-Una de mis últimas actividades como Presidente fue en Cochrane y señalé que para mí lo más importante era saber cuál era el caudal indispensable que había que dejar para que el Baker estuviera en condiciones de regar toda la cuenca. Porque si, por consecuencias del cambio climático, la agricultura llega al sur, no podremos decir que no se puede usar el agua del río porque debemos usarla en las presas que hay más abajo. Eso es lo que yo llamo pensar a largo plazo. Cómo se piensa el futuro.

-Para algunos, “hidroeléctrica” es considerada una mala palabra.
-Es que no puede ser una mala palabra. Tenemos que ser capaces, porque la tecnología lo da, de compatibilizar eso. No se puede demonizar determinado tipo de actividades, porque el ser humano es más inteligente que eso. Hay tecnología, se pueden tomar los resguardos del caso. Nadie quiere destruir, porque hemos aprendido a cuidar este planeta.

-Y mientras tanto se desarrollan centrales termoeléctricas…
-Usted lo está diciendo. Por eso también me he referido al tema de la ener

gía solar.

-En su gobierno, las concesiones se consolidaron en carreteras y se ampliaron a cárceles, transporte y hospitales. ¿Entiende la polémica que se generó en el Hospital del Salvador?
-Esos temas son opinables. Cuando se concesionaron las cárceles en Chile, la seguridad queda a cargo de Gendarmería, que es pública; en otros países se concesiona la seguridad también. En hospitales, lo que muchas veces se entiende que se está concesionando es la hotelería -camas, sábanas, alimentación-, pero en otras partes entra también la parte médica. Pero es opinable, no son verdades absolutas. Si alguien prefiere que lo haga el Estado, muy bien, pero va a necesitar plata para hacerlo. Entonces… pidamos más impuestos.

-¿En este caso, qué señal se entrega si la concesión ya está entregada?
-Entiendo que hay una nueva administración y quiere revisar las cosas, está en su derecho. Ahora, lo ideal es que en estas cosas haya cierto grado de consenso a largo plazo. Se pueden discutir los detalles, pero el grueso es saber hacia dónde vamos.

-Como dijo en Icare: “Todo lo que sea concesionable, que se concesione”.
-Es que si hay una actividad de infraestructura donde es rentable que alguien ponga la plata y después la cobra, me libera de recursos públicos que voy a necesitar para otras cosas. No es que yo sea un fanático, pero si tenemos dificultades financieras… Ahora, si me dicen que se puede hacer subiendo impuestos, está bien. Pero ahora no hay espacio para eso.

-¿Considera que “la calle” generó que se tomaran medidas más cortoplacistas?
-No, la calle colocó temas en primer lugar que se tienen que resolver. Cuando un sistema hace crisis tienes que resolverlas. El arte de gobernar es manejar el corto y el largo plazo.

“El ministro se va a enfocar en el tema de la educación pública, donde hay temas más propositivos”

-En lo económico, usted señaló, hace unos días, que el Imacec de junio, de 0,8%, “fue un llamado de atención para todos”. ¿Qué le corresponde a cada actor en este “llamado de atención”?
-Es un llamado de atención para todos porque todos tenemos que tomar nota de que tenemos una situación económica más difícil. Eso nos obliga, en consecuencia -y cuanto antes-, a tener una mirada común de las tareas que tenemos hacia el mediano y largo plazo. A partir de esa mirada común usted aterriza un conjunto de medidas concretas. Por eso la Presidenta dijo que hacia el 2016 vamos a haber recuperado los niveles… porque debe estar pensando que en este año y medio podemos despejar un conjunto de ripios y agilizar la tarea.

-¿Es necesario reordenar las prioridades?
-Ya sé dónde quiere llegar con esa pregunta. Le voy a decir lo que le dije una vez al ministro Eyzaguirre cuando yo era Presidente. Estábamos discutiendo las normas de evasión y se nos produjo el bajón de 2000-2001. Entonces me dice “¿usted cree, Presidente, que será el momento adecuado?”. Le dije: “Mire, en materia de impuestos nunca es el momento adecuado. Cuando vamos para abajo, no conviene, y cuando vamos para arriba como la espuma, mejor no tocar nada”. No, hay cosas que se pueden abordar al mismo tiempo. Creo que en eso ha habido coraje para colocar los temas que ha querido el Ejecutivo y que hoy están en la opinión pública.

-Son los temas que el Gobierno quería colocar, pero ¿son los prioritarios? La última encuesta CEP arrojó que Salud, Delincuencia y Educación, en ese orden, eran las principales preocupaciones de los chilenos.
-Es tan difícil saber eso. Son múltiples las necesidades de un país que está creciendo. Los gobiernos tienen que tomar decisiones. Yo tomé una decisión y me embarqué en el Auge, porque me parecía que era muy importante avanzar en ese ámbito. Se tienen que tomar opciones y creo que eso es lo que se está haciendo.

-¿Cuál es su mirada ante esas prioridades?
-Creo que si están las condiciones de poder resolver las listas de espera del Auge, se tendría un avance sustancial. Salud -no digo que la reduciría a ese tema- me parece que es un asunto muy sustantivo. Y no hemos hablado nada de las desigualdades. Estamos muy orgullosos de que la mortalidad infantil sea de 8 por mil. Pero en Vitacura es 2 por mil y en Puerto Saavedra es 43 por mil. Ahí hay una situación compleja.

-En Educación, el Ejecutivo priorizó comenzar la reforma con terminar con el lucro, la selección y el copago. ¿Considera que se debió partir fortaleciendo la educación pública?
-Fortalecer la educación pública implica también en un momento tener que abordar los otros temas. Ahora, efectivamente tú tienes razón al decir que hay temas que obligan… Pienso que el ministro se va a enfocar en el tema de la educación pública, donde hay temas más propositivos. Ahora, no cabe duda que hay que abordar el tema del lucro. Existe una sensación de abuso en el país. Va a ser un largo desafío el restablecer los niveles de la educación pública de calidad, no es fácil. Es un gran desafío el que tiene Nicolás Eyzaguirre.

-¿Cómo ha visto a su ex ministro de Hacienda?
-Con el mismo dinamismo que ha tenido siempre para enfrentar tareas difíciles.

-Tal como se llegó a acuerdos en la reforma tributaria, ¿se debe hacer algo similar para la educacional?
-Siempre se tiene que evaluar. Efectivamente, si usted hace algo que va en contra del sentido común de una gran mayoría del país, se corre el riesgo de que eso se plantee como bandera de lucha de la oposición. No me gustaría, por ejemplo, que esta reforma tributaria que se va a aprobar termine siendo la bandera de lucha de la derecha para derogarla en la próxima elección presidencial. Tres años pasan muy rápido y ¡hay tanta gente preocupada de candidatos! No estoy diciendo que hay que llegar a acuerdos por temor a eso, pero me parece tan obvio lo que estoy diciendo.

La “hoja en blanco” para una nueva Constitución

-La Presidenta Bachelet aplazó el debate de una nueva Constitución para 2015. ¿Lo cree necesario? ¿Qué mecanismo es mejor?
-No es un tema de mecanismos, es un tema de si tengo o no un papel en blanco. Si vamos a hacer una nueva Constitución entre los dos, la vamos a escribir en un papel en blanco. Eso quiere decir que tenemos que concordar todos y cada uno los puntos de la Constitución. Y estamos obligados a ponernos de acuerdo. Es complicado, porque si no llegamos a acuerdo va a seguir rigiendo lo que ya tengo. Cuando la gente dice asamblea constituyente, lo que está diciendo es “quiero partir de cero”.

-¿Chile necesita partir desde un papel en blanco?
-Es que con los quórum actuales me van a decir “no señor, seguimos con la actual y el Estado sigue siendo subsidiario”. Prefiero hoja en blanco, porque yo ya he negociado reformas a la Constitución.

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