"En política se llora mucho"

Por Revista Ya

El pasado 27 de noviembre, el día antes de las elecciones municipales, Carolina Tohá almorzó con un grupo de amigos en un departamento frente al Parque Forestal. Los comensales -que incluían entre otros a políticos, asesores, a los hijos de la nueva edil, y a Jaime Madariaga, su nueva pareja- comieron una “pasta italiana”, tomaron vino y, relajados, se rieron de lo que anticipaban sería su derrota.

-Ese almuerzo no era un almuerzo de ganadores. Había más bien un ambiente de calma resignada. Con el pesimismo político habitual de la mesa, nadie se imaginaba que ella iba a ganar. Incluso le echamos tallas sobre el hecho de que perdería, pero ella era optimista con su triunfo. Me sorprendió porque ese día la encontré súper tranquila, relajada, confiada y callada -cuenta María José Viera-Gallo.

Una calma que no siempre acompaña a esta militante del Partido Por la Democracia (PPD), que partió siendo dirigenta estudiantil y se ha convertido en una de las políticas más consolidadas del progresismo chileno.

-Yo me acelero y me pongo ansiosa cuando siento que una cosa no está resultando, cuando veo que las cosas no salen como yo quería que salieran. No me lo tomo con mucha calma -dice ahora, una tarde de diciembre, Carolina Tohá mientras, sentada en el asiento trasero del auto oficial, recorre rauda las calles del centro de Santiago, la comuna que la eligió, con el 50,6 por ciento de los votos, alcaldesa.

Mira por la ventana y agrega:

-Pero hay cosas que vivo con más tranquilidad de lo esperable. El día de la elección, pese a toda la incertidumbre que había, yo estaba bien tranquila.

Carolina Tohá -47 años, separada dos veces, dos hijos y varias décadas de política en el cuerpo- está pasando por un buen momento. Este 2012 ha sido un año de acontecimientos intensos. No sólo ganó las elecciones municipales con resultados que sorprendieron a muchos, sino que en un plano más íntimo pudo darle cierre a una etapa de la historia de su padre, con el reconocimiento oficial de que había sido asesinado. Además apareció públicamente con su nueva pareja, el abogado Jaime Madariaga.

-Yo no he dicho ni voy a decir nada más que: estoy muy feliz -dice cuando se le pregunta sobre su pareja.

Desde su bullada separación del senador Fulvio Rossi, en 2010, la alcaldesa se rehúsa a tocar temas referentes a su intimidad.

-Sólo puedo decir que lo he superado como lo hacemos las mujeres. No es una historia mía única y especial, la compartimos muchas mujeres y salimos adelante.

-¿Por qué ahora no acepta contestar preguntas personales si antes lo hacía?

-Me he vuelto muy esquiva a hablar de mi vida privada porque viví una experiencia muy fuerte en algún minuto y me di cuenta de que realmente no es necesario, que mi tarea no incluye compartir mi intimidad.

-¿Cree que el hecho de exponer su vida personal en el pasado tuvo un costo político?

-No. No tengo idea del costo político que tuvo y no es el tema. Siento que pasé un dolor muy grande y no voy a pasarlo de nuevo. No quiero abrir mi intimidad. Manejar tu vida cuando tienes focos puestos sobre ella ya es suficiente como para, más encima, convertirlo en un tema del cual hay que dar explicaciones. Entonces mejor concentrar esa energía en cuidar una intimidad que sea rica, resolver las cosas cuando tengas dificultades de la mejor manera. No hay para qué transformar en un tema público lo que te pasa a ti en tu vida personal.

-Hacerlo le causó dolor…

-Mucho… mucho.

-¿Siente que la farandulizaron?

-No sé, no quiero ponerle etiqueta. Lo que puedo decir es que, para mí, como experiencia fue muy dura y no estoy dispuesta a repetirla. La verdad es que me siento muy contenta así además, muy tranquila, muy cómoda. Más bien he tendido a reforzar la idea de que es una buena decisión.

-¿Siente que ha tenido que endurecerse para enfrentar el mundo político?

-Es que yo siento que las cosas duras que hay en la política siguen siendo duras y dan pena, y dan rabia, y dan lata igual. Hay cosas a las cuales no me he acostumbrado (las mezquindades, cuando los cálculos personales pesan más que los proyectos, por ejemplo), y no tengo interés en acostumbrarme tampoco. Creo que hay muchos mitos en esta teoría de que la política es sin llorar o de que no hay que tomárselo tan a pecho. Yo me lo tomo bastante a pecho y creo que se llora mucho también y que está bien. No creo que sea necesario ni bueno volverse insensible y tomarse todas las cosas como gajes del oficio. Al menos, no es mi estilo y creo que mucha gente llora más de lo que dice.

Reír de nuevo

Son cerca de las 20 horas y a la nueva alcaldesa de la comuna más importante de la capital le falta participar en una última actividad antes de dar por terminar su jornada. Aún en el auto, le pide el teléfono a una de sus asesoras y llama -por el tono maternal que adopta- a sus hijos, Emilio, de 14 años y Matilde, de 10. Carolina Tohá, dicen sus cercanos, es una madre exigente que ha vivido la tensión de las mujeres que trabajan mucho y se enfrentan a las quejas de los hijos por estar menos presente de lo que ellos quisieran. Ella misma lo reconoce:

-Soy una mamá que siempre ha tenido que hacer muchos esfuerzos, siempre ha sido duro ordenar mi vida para poder cumplir con mis tareas en todos los ámbitos. Simplemente las horas del día no dan para hacer todas las cosas bien y uno tiene que arbitrar esa tensión y no hacerlo a través de la culpa, porque eso no mejora mucho las cosas. Espero que mis hijos lo vean así también. Que vean lo que hemos logrado construir como vínculos y cómo en medio de toda esta situación siempre he estado y me las he arreglado, a veces de manera medio acrobática, para estar con ellos.

Las cosas no se han hecho más fáciles con la entrada del mayor a la adolescencia.

-Tengo un hijo que es adolescente, lamentablemente -dice entre risas y se tapa la cara con las dos manos. -Yo trato de devolverlo a los 12, ¡pero no me ha resultado!

La alcaldesa, sin embargo, se identifica con la etapa que vive su hijo. De adolescente, ella misma fue extremadamente autónoma, muy afirmadora de sus opiniones, y contestataria.

-Mi hijo es rebelde, pero como yo fui compleja de adolescente no puedo alegar nada. Fui rebelde, crítica, súper independiente. Y súper poco cuidadosa de los miedos que mi mamá tenía. Vivía desafiando los miedos en una época en que había mucho temor. Yo decía “no, el miedo no nos puede hacer sucumbir” y no tenía la más mínima prudencia de avisarle a mi máma dónde estaba, aunque hubiera protestas y toques de queda. Consideraba que era una causa noble que mi mamá pasara susto -dice y se ríe de buenas ganas.

-Mi hijo es rebelde, pero es un buen niño.

-¿Usted es controladora?

-¿Soy controladora, Morgana? -le pregunta a su asesora. Y, nuevamente, se ríe con ganas.

-Soy empeñosa, digamos.

Agrega:

-No soy una persona relajada. Es verdad. No me gusta que las cosas resulten a medias.

Juan Luis, su chofer, se detiene delante del Teatro Cariola, en la calle San Diego. Ella se baja y entra rápidamente al edificio. Su apariencia femenina -con falda blanca floreada, blusa fucsia y tacos altos- desentona con la de los jóvenes con looks alternativos que esperan afuera. Mucho cuero negro, mucha mezclilla.

La participación de Carolina Tohá en ese evento no es requerimiento de su rol de alcaldesa. Es una reunión solidaria para reunir fondos para el actor Pablo Krögh, que fue operado el día anterior de un cáncer. Ella está ahí a título personal.

-Él es un amigo muy querido. Interpretó a mi padre (José Tohá, ex ministro de Interior de Salvador Allende) en la película “Isla Dawson” y nos presentaron en la época en que él estaba armando su personaje. A propósito de eso se generó un vínculo muy bonito de amistad. Él me ha apoyado en muchas cosas y ahora yo estoy aquí para apoyarlo.

-Usted creció sin padre, estuvo en el exilio, tiene un hermano en el extranjero y se ha separado. ¿Se ha sentido sola por lo que le ha tocado vivir?

-La verdad es que a mí me ha tocado en la vida empezar de nuevo y nunca he sentido que sea difícil cambiar. Lo que es difícil es hacer que la historia que vas pasando siga siendo parte de ti, que no se quede atrás. Ese es un desafío siempre. Si no logras incorporar bien todas las etapas de tu vida, terminas disociada, no entendiendo lo que eres.

Integrar pasado y presente es quizás lo que le permitió a Carolina Tohá mantener vigente la influencia de su padre en su vida. Su familia conservó durante años una biblioteca repleta de libros acumulados por su padre y de fotografías que documentaban su vida. Una biblioteca viva que sus hijos usaban diariamente y que, de alguna manera, lo mantuvo cerca de ellos.

-¿En qué minuto sintió que podía sentirse más en paz con lo que le pasó a su papá?

-Yo nunca sentí que mi vida estaba limitada por esta historia. Esta etapa de este año, en que se confirma por una vía oficial que mi padre fue asesinado y que no murió producto de un suicidio, es un capítulo muy importante, porque nuestra sensación como familia siempre ha sido ésa. Pero una sensación no es lo mismo que una certeza. Este paso que ha dado el proceso judicial lo cierra bastante. La historia de él, de lo que fue su biografía está clara hoy. Ahora la justicia tiene que escribir la historia de quienes le quitaron la vida, que es otro capítulo.

-Su mamá ha contado que cuando supo de la muerte de su padre, usted le dijo que nunca podría volver a reírse. ¿Cuánto tiempo pasó para que pudiera volver a hacerlo?

-En ese instante pensé que la vida no podría volver a darme felicidad. Pero fue lo que pensé como niñita de ocho años y la verdad es que la vida no es así. No pasó mucho antes de que yo pudiera volver a tener alegrías, me volviera a encantar con tantas cosas y la vida me diera muchas gratificaciones, incluso en la época tan complicada como fueron los años después de la muerte de mi papá. Mi mamá se encargó de que nosotros fuéramos niños que viviéramos momentos de felicidad, placeres y que, al mismo tiempo, asumiéramos esta historia que teníamos. Es una historia que tiene su peso, pero eso no tiene nada que ver con ser grave, con ser amargo.

-O sea que tiene la capacidad de disfrutar.

-Sí, soy muy de deber ser, pero cuando el deber ser es pasarlo bien, ¡me concentro! No, la verdad es que no me cuesta nada desconectarme. Ahora, lo tengo que decidir. Hay días en que decido no desconectarme porque tengo una tarea, tengo que sacar algo y prefiero estar encima. Pero cuando digo “ya, ahora me voy a dedicar a otra cosa”, no me cuesta nada. Me voy a pasear, al cine, veo una película, salgo a comer o me pongo a cocinar y me desconecto.

“Animal político”

Ser alcaldesa era algo con lo que Carolina Tohá soñaba hace varios años. Cuando dejó su cargo de parlamentaria, en 2009, empezó a pensar en esta opción porque sentía que “en la labor alcaldicia, la relación entre lo que se hace y el resultado final es mucho más próxima”, mientras que “en el Parlamento hay tantas cosas mediantes que hacen que tu trabajo sea como una aguja en el pajar”. Pese a llevar poco tiempo en la municipalidad, dice haber confirmado que efectivamente es así.

-¿Cree que ahora el mundo progresista se ha vuelto a sentir representado?

-No. Yo hace tiempo que tengo la impresión de que se requiere una renovación muy profunda de las fórmulas políticas con las que se hicieron las cosas por 20 años, porque estamos en un momento realmente distinto y hay muchos estilos y definiciones que están agotados hoy en día. Y que no funcionan. No creo para nada que esto esté resuelto. Creo que aquí hubo una pequeña lucecita de algo, de hacer una innovación que dio frutos, pero eso se tiene que consolidar. Esto es una oportunidad, una puerta que se entreabrió.

En un sector del mundo progresista, Carolina Tohá es percibida como una renovadora.

-Ella es un animal político, en el buen sentido de la palabra. Tiene una inteligencia política superior, es capaz de hacer análisis de las situaciones que se están viviendo muy agudos, con total objetividad o sacando de lado los sesgos habituales o el tema del ego -dice José Weinstein, ex ministro de Ricardo Lagos, quien la conoce desde los años 90. Agrega:

-Desde la universidad es una renovadora. Participó fuertemente en la renovación de la Fech y en la renovación socialista. Donde ha estado ha tenido la ambición de expresar lo que está pasando en la sociedad, lo que está pasando en la universidad, o en el mundo de las ideas. Nunca se ha moldado a hacer la política como existía, sino que siempre ha buscado transformarla para que se adecue mejor a los distintos momentos de la sociedad.

Lo que le falta, según otros representantes del progresismo, es innovar no sólo en la manera de hacer las cosas, sino que en los contenidos también, poniendo en pauta temas más radicales del progresismo.

-¿Usted se siente la heredera política de Michelle Bachelet?

-A mí no me gusta el concepto de heredera, porque da la idea de un patrimonio que se traspasa y yo creo que cada época y cada liderazgo tiene que forjar su rol, su perfil. Lo que sí, me siento identificada con la familia de ideas y los valores que han estado acompañando a Michelle Bachelet siempre, así como me siento cercana a los que han acompañado a Ricardo Lagos. Pero me doy cuenta de que tengo también una historia, una generación, una época específica y que habrá que interpretar cosas propias de lo que ha sido la experiencia que le ha tocado vivir a mi generación y a mi persona en particular. Ese es mi mundo político.

-Si llegara a salir Michelle Bachelet en las presidenciales de 2013 y le pidiera que formara parte de su gobierno, ¿usted dejaría la alcaldía de la misma manera en que dejó el Congreso en su momento?

-Excluyo que ella vaya a pedirme eso, porque para una Presidenta es mucho más importante tener en Santiago a una alcaldesa con la cual se complementa y tiene visiones comunes. Y, además, yo no estaría dispuesta a hacerlo. Esta circunstancia es muy distinta a la que me tocó como diputada en esa ocasión. Este es un cargo unipersonal, con un rol ejecutivo y un mandato para desarrollar un programa.

Usted ha criticado el gobierno del Presidente Piñera por conservador: ¿Qué medidas más liberales cree que necesitan las mujeres en Chile?

-Creo que es súper importante en la sociedad chilena empezar a hablar de otra manera temáticas de la sexualidad de las mujeres, de su derecho a tener una vida propia. Todavía una parte de esta sociedad culpa a las mujeres por tener opciones personales, por tener gustos, por tener tiempo libre, por tener amistades, por tener opciones sexuales, por querer pasarlo bien. Existe un castigo social, especialmente en los sectores que tienen menos acceso a la educación que viven en un espacio con menos capital social. A pesar de que hay mujeres que trabajan, siguen en este terreno súper limitado. Y esa agenda es gigantesca.

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