“El poder de veto de la derecha se acabó”

Quién es Rodrigo Peñailillo? Es la pregunta que muchos se hacen, incluso pesos pesados de la vieja Concertación, para los que el nombramiento de este ingeniero comercial de 40 años como ministro del Interior del segundo gobierno de Bachelet fue una sorpresa. ¿De dónde salió? Es la pregunta que se hacen quienes, equivocadamente a estas alturas, no habían registrado en sus libros que desde fines de los 80 él está en política activa: tuvo un papel importante en los primeros años de la formación de la juventud del PPD, ha sido líder universitario y ha desempeñado cargos en campañas y en el aparato del Estado. Por lo mismo, conoce la “máquina” interna como pocos.

No es un intelectual, tampoco un analista que destaque por su oratoria, pero sabe moverse en los pasillos del poder. Se estuvo preparando por años para llegar donde está. Sabe con quién tiene que negociar, a quién recibir y qué respuestas dar. Quienes lo conocen lo definen como un pragmático. Por estos días, sin ir más lejos, dirigentes de amplios sectores –desde Allamand a líderes estudiantiles– lo consideran un interlocutor confiable.

Aparte de lealtad, discreción y capacidad de trabajo –es el primero en llegar y el último en irse de La Moneda– Peñailillo tiene sentido del poder. Respeta las formas y se hace respetar. No titubea, nunca se pone nervioso. Ni siquiera lleva la cuenta de los días en que ha debido ejercer como vicepresidente, ante las ausencias por viajes al extranjero de Michelle Bachelet.

-Usted debe ser el poderoso menos conocido y la gran sorpresa del gabinete…
-Claro (risas).

Peñailillo tiene fama de impasible, pero sabe reírse. De hecho, mientras esperamos a que termine una reunión en su despacho en el primer piso de La Moneda, escuchamos grandes carcajadas suyas provenientes de su oficina. Y luego, durante la entrevista, si bien es difícil sacarlo del libreto, se reirá varias veces… y se quedará un par de minutos observando un pajarito que ha ingresado misteriosamente a palacio. “Qué cosa más rara, ¿por dónde habrá entrado?”, comenta, sin despejar su vista del animalito.

Desde la provincia

Nacido en Concepción en 1973, Peñailillo no sólo es el vicepresidente más joven de la democracia y el representante de una nueva generación política, sino también un provinciano orgulloso. Sus inicios en la política estuvieron marcados por la lucha en la VIII Región –una zona tradicionalmente de izquierda– contra Pinochet, a fines de los 80. “Terminé mi enseñanza media el año 90, y por lo tanto, los cuatro años de la secundaria estuvieron cruzados por el término de la dictadura. En forma casi natural, todo el mundo estaba involucrado en ese proceso político y en mi caso yo lo viví desde la Región del Bío Bío “, recuerda.

El menor de cuatro hermanos, su padre era democratacristiano y tenía dos campos en Cabrero que trabajaba para el área forestal, y en menor medida, agrícola. Falleció sorpresivamente en 1982, a los 54 años, debido a un cáncer que dejó a la familia a cargo de la madre, quien debió trabajar vendiendo seguros. Eran tiempos duros, y se fueron a Santiago. Ante las dificultades de la vida en la capital, decidieron volver al sur, esta vez a Coronel. “Mi mamá provenía de una familia obrera de izquierda; mi abuelo había sido minero del carbón en Lota. Yo crecí en ese ambiente. Viví intensamente el plebiscito a los 14 o 15 años. En el Liceo de Coronel, lo que hicimos nosotros fue iniciar el proceso de democratización. Fue mi debut en política. Logramos que por primera vez fueran elegidos democráticamente los representantes de los alumnos, que hasta entonces eran designados, igual que el alcalde. Cosa que hoy parece tan rara, pero así era la dictadura”.

-Luego tuvo un rol importante en la formación de la juventud del PPD, al alero de figuras como Sergio Bitar y Ricardo Lagos.
-El año 88, un grupo importante de amigos del Liceo de Coronel entramos al PPD. Era un partido que tenía un sentido muy práctico en ese momento, que era estar presente en el proceso democrático del plebiscito del 5 de octubre. El PPD nace con ese sentido y ahí conozco a figuras como don Sergio Bitar. Y sobre todo sentía una gran admiración por Ricardo Lagos. Decido entonces inscribirme en el PPD. Ya con el tiempo, en la universidad, entramos en la dirigencia de la juventud: terminé siendo su presidente el 2000.

-Como dirigente universitario de la Universidad del Bío Bío, se enfrentó con Rodrigo Roco, líder comunista de la FECH, quien hoy es asesor del Ministerio de Educación. ¿Hicieron las paces?
-(Risas) Nunca nos peleamos. Para dejar las cosas en su lugar: el 96 y 97 yo era representante de la zona sur de la Confech, y en ese momento planteábamos el arancel diferenciado. Teníamos una agenda muy clara que compartimos en un 100%.

-Pero en algún momento hubo un quiebre con las JJ.CC., que quería profundizar las demandas.
-Después de seis semanas de toma, muchas universidades ya se habían bajado, pero la universidad mía seguía en toma… Cuando fui dirigente estudiantil, mi universidad fue de las primeras que partió con el movimiento estudiantil, y una de las últimas que se detuvo… Las diferencias con Roco tenían que ver con las fórmulas de cómo cerrar ese proceso en ese momento. Pero diferencias de fondo, del punto de vista de los alcances de las reformas, no había discusión alguna.

-¿Ustedes pensaban en ese momento que era posible una educación gratuita?
-No. Lo que buscábamos era arancel diferenciado y una profunda reforma a las universidades del Estado.

-Es decir, eran posturas más moderadas que las del actual movimiento estudiantil.
-La realidad del momento era totalmente distinta. Las universidades privadas, que se supone son todas sin fines de lucro, en ese tiempo eran una cosa muy incipiente. Por lo tanto, la preponderancia central en la matrícula, en la cobertura, en la investigación, estaba en las universidades del Estado. Una situación muy distinta a lo que hoy hemos llegado…

-Habiendo sido formado en la educación pública, ¿cómo ve el proceso de reforma que lidera el ministro Eyzaguirre? ¿No hubiese sido mejor empezar precisamente aumentando los fondos al sistema municipal?
-Chile debe entregar educación de calidad para todos, de acuerdo a los estándares de un país que es miembro de la OCDE y que esa educación no dependa de si la familia pueda pagar nada, pueda pagar un poquito o pueda pagar todo. Alcanzar ese objetivo no se puede hacer generando programas de fortalecimiento ni iniciativas puntuales ni haciendo pequeños ajustes al modelo educacional. Se necesita un cambio estructural. El actual modelo está basado en la competencia. La dictadura, cuando deja hecho el actual modelo educativo, ¿qué dice? Que la enseñanza pública debe competir con la privada y la calidad se alcanzará en base a la competencia. Eso es lo que debe terminar. Sólo de esa manera vamos a alcanzar el desarrollo. Para nosotros, la educación no es un bien de consumo.

-¿No le parece desafortunada la expresión que usó el ministro Eyzaguirre cuando dijo que había que bajar a los niños de los patines? ¿No es nivelar hacia abajo?
-Lo que la Presidenta ha dicho, desde el primer día que llegó a Chile hasta hoy, es que vamos a tener una educación de calidad para todos, y eso significa nivelar hacia arriba. A lo que hizo referencia el ministro es a que tenemos una educación pública muy deteriorada, debilitada, con restricciones. En la educación superior, las universidades del Estado están muy restringidas: mientras tanto, hay universidades privadas que lucran y acceden a fondos públicos, sin regulación alguna. La educación municipal debiera ser el punto de encuentro de la sociedad chilena y eso significa nivelar hacia arriba. Entiendo que el ministro lo ha aclarado en más de una ocasión.

 La experiencia en Arauco

-¿El hecho de venir de la provincia le da un punto de vista particular sobre el centralismo del Estado?
-Claro, fui gobernador tres años en el gobierno de Lagos y eso de alguna manera me hizo conocer el Estado desde la mirada más alejada del centro del poder: un gobernador en una provincia interior, donde conviven dos centralismos. El centralismo nacional, con un Santiago donde se toma la mayor parte de las decisiones. Pero, además, dentro de la región un Concepción que ya desde Arauco se ve como representante del centralismo. Entonces, el centralismo interregional también existe. Asociado a una provincia con alta población indígena y por lo tanto con dos cruces, una, el centralismo del Estado y otra, un Estado que no se hace cargo de una sociedad multicultural. Así que uno podría encontrar ahí dos o tres líneas bien complejas sobre este problema.

-¿Cree que el conflicto mapuche es un tema político o de seguridad?
-Queda claro que no es un tema de seguridad. Tiene algunos ribetes policiales, pero es un problema político. Esto ha cruzado la historia de Chile. Por lo tanto, no se resuelve con una perspectiva policial. Lógico que hay que tomar todas las medidas para garantizar el orden público y la seguridad, así lo hemos hecho y seguiremos trabajando en esa línea. Pero está claro que ésa no es la fórmula. La solución de fondo es hacernos cargo de que Chile es un país pluricultural, y que requiere soluciones diversas para una sociedad diversa. Como lo han hecho tantos países en el mundo, se necesitan medidas bien valientes como las que ha planteado la Presidenta Bachelet: participación política, nueva institucionalidad, una distinta visión en la gestión del territorio, con planes y programas asociados a esas iniciativas.

-¿Incluyendo entrega de tierras?

-Por supuesto. La ley nos permite un proceso de compra de tierras, y lo estamos haciendo.

-El intendente Huenchumilla dio a entender que los dueños de fundos en zonas de conflicto deberían despedirse de esas propiedades.
-No. Todo proceso de compra de tierra está basado en la Ley Indígena, y ésa es la forma como nosotros estamos desarrollando nuestra política y, por lo tanto, cualquier otra lectura es errada. Las palabras del intendente están fuera de la política de gobierno.

-¿Hay terrorismo en La Araucanía?
-Lo que hay es un conflicto social profundo, en el encuentro de dos culturas. Lamentablemente, el origen del problema está en la manera en que se acordó, a fines del siglo XIX y principios del XX, la distribución territorial.

-¿Por qué poner una bomba en el Metro es terrorismo y quemar una casa en el sur, no?
-A ver, hay una gran diferencia. Lo primero tiene que ver con un grupo de personas que, lamentablemente, días atrás tomaron la decisión de colocar una bomba en un transporte público, que luego iba a retomar su recorrido para volver a la zona poniente. Lo que vemos es que no sólo había la intención de generar un daño material, sino que había intención de generar un daño sobre las personas, niños, ancianos, jóvenes, estudiantes, que se iban a subir a ese carro del Metro, eso es lo que a mí me motivó a ampliar la querella. La intención era provocar no sólo temor, sino daño directo sobre las personas. No es lo mismo en La Araucanía.

-En el caso mapuche, usted sí usó la ley antiterrorista cuando fue gobernador…
-El Gobierno usó en algunos casos esa ley, estamos hablando del gobierno de Ricardo Lagos.

-¿Cambió su visión?
-Era otro Gobierno, otro contexto, en el cual obviamente se tomaron decisiones en base a otros criterios.

 

Impuestos y modelos

-Usted estudió economía, desde esa formación ¿cómo observa la reforma tributaria? ¿Cree que afectará el crecimiento y la inversión?
-Los que antes decían que iba a afectar la inversión, ahora dicen que no (se ríe). Para que usted vea.

-¿Con el acuerdo entre Arenas y la derecha se ha tocado el corazón de la reforma? Si al principio se decía que afectaría a las pymes, ahora se dice que las favorece demasiado…
-Acá lo importante es lo que dijimos en la campaña, tanto en junio, cuando lanzamos la propuesta de reforma, como en octubre, cuando se reafirma en el programa. Siempre hablamos de los objetivos centrales de la reforma y estos objetivos hoy están intactos. Tienen que ver con una estructura tributaria más equitativa, que contribuya a derrotar la desigualdad, es decir, que después de impuestos Chile sea una sociedad más igualitaria. Creo que eso se logra plenamente. Segundo, que recaude recursos para las otras reformas sociales. Tercero, el fin del FUT. Y también, entre otras materias, que no afecte la inversión y el ahorro. Después del acuerdo que ha alcanzado el ministro Arenas en el Senado, todos los objetivos están logrados. Para quienes en la UDI y en RN antes decían que la reforma iba a ser un retroceso para la economía, me parece muy bien que hayan cambiado de opinión y que hoy estén a favor de la reforma. Ése es un gran logro.

-¿Qué le parece esta crítica que se le hace al consenso, como si llegar a un consenso, más que avanzar, significa transar demasiado en lo que se quiere lograr?
-Hemos dicho que éste es un nuevo ciclo político social: ¿qué quiere decir eso? Que hay nuevos desafíos para Chile y una nueva mirada y, por ende, también una forma distinta de alcanzar los objetivos. En los 24 años anteriores, sobre todo en los primeros años después de la dictadura, lo que tuvimos fue la democracia de los consensos. Pero era un consenso basado en un poder de veto de la derecha, que ya no existe. Ese veto terminó, es cosa del pasado. La transición, en ese sentido, cuando la derecha podía vetar los cambios, se acabó.

-¿Había miedo?
-No sólo miedo, sino un poder real de impedir las reformas. La minoría ejercía el veto. ¿Se olvida que había senadores designados hasta hace pocos años? ¡Senadores vitalicios y un sistema binominal! Entonces, ¿qué acuerdos podía usted alcanzar? Cuando la derecha tenía un poder de veto tan profundo, tan importante… la Concertación buscaba ¡lo que se podía, no más! ¿En qué hubiese terminado una reforma tributaria en la era de los consensos? Hubiese terminado probablemente ocupando el IVA una vez más, o hubiese terminado recaudando la mitad de lo que se propuso. Hubiese terminado desvirtuando al final el objetivo central de la reforma, que es tener un sistema más equitativo. Entonces, los partidos de derecha y los poderes fácticos hubiesen recurrido a los impuestos indirectos, y hubiesen dicho: “Para qué quiere 8.200 millones, bueno ahí tiene 4 mil millones, confórmese”. Si de eso estamos hablando, la democracia de los acuerdos es de otra época.

-¿Está superada por la historia?
-Está absolutamente superada. Hoy nosotros somos mayoría, y tenemos un programa de cambios que vamos a llevar adelante. Buscamos los acuerdos, los valoramos, pero sin desvirtuar el sentido profundo de las reformas, como lamentablemente muchas veces se hizo durante la democracia de los consensos.

-Algunos critican que la Nueva Mayoría quiere pasar la retroexcavadora, partir de cero y hacer una refundación que podría llevar a otro modelo de sociedad, más estatista.
-(Se ríe) Hay un consenso en Chile: somos una sociedad que tiene una herida gigante, que es la desigualdad. Y en eso no creo que haya dos lecturas. Para enfrentar esa desigualdad en este nuevo ciclo se requieren reformas estructurales. Reformas estructurales que hoy todo el mundo está de acuerdo en que hay que hacerlas. Nadie duda que había que hacer una gran reforma tributaria para financiar las políticas sociales, nadie duda que hay que hacer una gran reforma educacional, completa, que cambie el modelo educativo, pasando de un modelo de competencia a uno de derecho social. Y por otro lado, que Chile tiene que entrar en un debate por una nueva Constitución nacida en democracia. Creo que eso no está asociado a ninguna frase de que aquí partimos de cero. Aquí no partimos de cero. Chile ha logrado muchas cosas en los últimos veintitantos años, pero las políticas focalizadas no son suficientes. Hoy se requiere un salto mayor y eso, en un país de ingresos medios, es el combate decidido a la desigualdad. Extralimitar las cosas y decir que poco menos que vamos a convertirnos en chavistas, esa crítica probablemente viene de gente que no quiere ningún cambio, que quiere que todo siga igual.

-¿Cuál es su modelo, una sociedad de bienestar al estilo de algunos países europeos? ¿No es un modelo en crisis?
-Lo que yo busco es un Estado social de derechos, donde conviva una economía eficiente y competitiva, pero también una sociedad solidaria y comprometida.

-¿El mercado es cruel?

-No, el mercado juega un rol. Es cruel si no tiene los elementos de un Estado que regule ciertas materias.

 

La constitución de Bachelet

-El tema constitucional, por su parte, se mantiene en una especie de limbo, nadie se sabe cuál cariz va a tomar.
-No está en ningún limbo. La agenda del Gobierno hasta el próximo 21 de mayo está muy clara, y está dada por lo que ha dicho la Presidenta en su discurso anual. No todo es parte del debate legislativo; hay muchos compromisos que son parte de la gestión gubernamental, y hay tareas suficientes como para llevar adelante en los próximos meses. El debate constitucional la Presidenta lo anunciará el próximo año y ahí conoceremos los mecanismos y la forma que se va a llevar adelante.

-Pero éste es un debate político, no depende sólo de lo que diga la Presidenta…
-Yo me limitaría sólo hasta ahí, porque eso es materia del próximo año y obviamente es la Presidenta quien tiene que tomar las decisiones y anunciar ese debate.

-La reforma al binominal, ¿qué papel juega en esta discusión?
-Eso lo comprometimos en la campaña y lo comprometieron todos nuestros parlamentarios cuando dijimos: ésta es la última elección con sistema binominal. Y lo que estamos haciendo es cambiar este sistema ahora, porque usted entenderá que es muy difícil hacerlo después, cuando las elecciones se acercan. Hemos presentado un proyecto que permite pasar de un binominal excluyente a un proporcional inclusivo, moderado, que no fragmente en exceso el sistema político, que permita la entrada de nuevas fuerzas y donde la mayoría se exprese con claridad, así como también la minoría.

-Pero se ha criticado que favorece o sobre representa a ciertos sectores, en especial de la Nueva Mayoría.
-Esto no está hecho con calculadora. El único modelo electoral hecho con calculadora es el que hizo la derecha el 89, después del plebiscito, donde hicieron el redistritaje basado en las votaciones del año anterior. Por eso hay distritos que nadie entiende. Imagínese el 45, donde yo vivía: Coronel está separado de Lota, y aparece junto a Santa Juana, Tomé, Penco, Lirquén y uno dice por qué fue así. ¿Por qué juntan en una circunscripción a Lota con Chillán? Así es hoy. Claramente, eso se hizo con calculadora. Nuestra propuesta está basada en los trabajos de muchas personas, entre ellos Edgardo Boenninger. Implica una reducción importante de distritos y un aumento parlamentario, que es la fórmula para llegar a un sistema proporcional; si no, no hay manera.

-¿Qué piensa de la propuesta de tener un sistema unicameral?
-Me imagino que será parte del debate constitucional y lo dejaría circunscrito a ese momento.•••

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Las lecciones del terremoto

El 27 de febrero de 2010, el terremoto pilló a Rodrigo Peñailillo –en ese tiempo jefe de gabinete de la Presidenta Bachelet– solo en su departamento en un piso 7. “Se movió mucho, mucho, mucho… de inmediato fui a buscar a mi hija y a mi pareja, no vivíamos juntos en ese momento, y luego me vine a La Moneda, fui el primero en llegar. La Presidenta me pidió que me viniera a La Moneda y ella se fue a la ONEMI, me dijo: ‘Cualquier cosa, me vas informando’. Y yo comencé a ubicar a las distintas autoridades como pude, porque estaban todas las líneas y las redes con problemas. Nos quedaban 15 días de gobierno, estuvimos dedicados 100% a eso, y trabajando 20 horas diarias”.

-¿Hay un autocrítica?
-Lo que pasa es que se reaccionó en base a lo que se tenía en ese momento. Dejó de funcionar lo público y lo privado, dejaron de funcionar las empresas de comunicaciones, eléctricas, las redes de comunicaciones de todo el sistema público, fíjese que para ver qué exactamente había pasado en la VIII Región la Presidenta lo vio cuando llegó allá en helicóptero, recién pudo hacerlo unas horas después.

-En Valparaíso ha sido complicada la reconstrucción y se critica que es muy complejo el sistema burocrático para acceder a ciertos beneficios.
-No. Yo estuve ahí, a las pocas horas del incendio, los primeros que llegamos con Carabineros, Conaf, bomberos, y las FF.AA. Luego vino toda la etapa de los albergues, estuvieron habilitados la misma mañana después del incendio. A los pocos días dimos el bono que permitió a la gente comprar ropa nueva, luego vino la etapa inmediata de ver dónde relocalizas, y ahí tienes tres fórmulas: uno, el subsidio al arriendo; subsidio de acogida familiar, es decir, si te vas a la casa de un familiar el Estado te contribuye para pagar los costos de vivir ahí; y tercero, la vivienda de emergencia. Eso está habilitado desde los primeros días.

-¿Usted es crítico de la reconstrucción del gobierno de Piñera?
-El gobierno del Presidente Piñera hizo gran parte de la reconstrucción en materia de viviendas… pero ¿qué hospital fue reconstruido? Ése es el tema. Aquí no se trata de iniciar un proceso de crítica, lo que no hay que hacer es falsear la cifras, porque cuando uno dice 99% de reconstrucción y ve que hay compañías de bomberos que no se han reconstruido, colegios que todavía están dañados, hospitales que no fueron restaurados, entonces, uno dice ¿cómo llegas a esa cifra? Vimos episodios en el Gobierno anterior en esta materia que fueron muy lamentables.

-¿Cómo valora el papel del ex Presidente Piñera en estos primeros meses?
-Desde el punto de vista de la prudencia, creo que ha roto todas las tradiciones presidenciales, pero bueno, es parte de su personalidad, probablemente.

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