Dilemas y desafíos del PPD

  • Por Ariel Medina, doble militante de Til Til y Lo Prado

La doble derrota Presidencial y Parlamentaria de diciembre pasado no es sólo una derrota electoral. Es también una derrota política y cultural que cuestiona la capacidad de representación, de proposición y de convocatoria del conjunto de las fuerzas de centro izquierda.

En el caso específico del PPD,  la reciente  elección parlamentaria muestra el peor resultado electoral  en sus 30 años de historia. Su bancada se redujo de 14 a 8 diputados. En votos, nuestros candidatos obtuvieron 325 mil votos menos comparativamente a la elección  parlamentaria  del 2013. En CORES  bajamos de 32 a 26 los electos, obteniendo 140 mil votos menos que en la elección anterior. Son las cifras gruesas.

Una lectura más pormenorizada de los resultados permite extraer varias conclusiones. Por su connotación de riesgo futuro mencionaremos sólo una.

Históricamente la implantación electoral del Partido ha radicado de preferencia en las comunas urbanas populares  versus  regiones con mayor cantidad de comunas rurales. El año 2001 marca el momento de mayor performance electoral del PPD, con una bancada de 21 diputados. En aquel entonces, de los 26 diputados de la Concertación en la Región Metropolitana, 10 eran del PPD. Hoy día nos quedamos sólo con 2  de los 13  parlamentarios  electos por la Nueva Mayoría (incluyendo la DC).

Los resultados obtenidos en los otros distritos que incluyen capitales regionales con predominio de comunas urbanas, muestran el mismo sesgo. El PPD se ha venido debilitando en los territorios que constituyeron espacios naturales de obtención del apoyo ciudadano y desarrollo de su fuerza parlamentaria.

Es cierto que fallamos en hacer una lectura fina del nuevo sistema proporcional. Faltó profesionalismo y mejor ingeniería  en la negociación de los cupos, la definición de los elencos y en la calidad de las campañas. Algo de eso hubo, porque no podría explicarse por qué los otros Partidos de la lista (PS, PC Y PRSD), aunque disminuyen sus respectivas  votaciones respecto al 2013 (salvo el PC) eligen más diputados.

Sin embargo, al trasladar la mirada y revisar los números de las últimas elecciones municipales  con SISTEMA PROPORCIONAL,  se repite también una marcada tendencia a la baja en los resultados del PPD. En la elección de concejales el año 2004 obtuvimos 610 mil votos. El año 2016 fueron 402 mil.

Las cifras hablan por sí mismas. En la línea del tiempo el PPD se achica progresivamente en autoridades electas y en Adhesión Ciudadana. El último resultado parlamentario, junto con corroborar una tendencia sostenida a la baja, nos plantea en perspectiva, un dilema mayor sobre el futuro del Partido (si la curva descendente continúa en las próximas Municipales y Parlamentarias).

¿Cuáles son las causas de la declinación de nuestra fuerza electoral y capacidad de convocatoria? ¿Se asocian a la identidad y a la orientación del Partido? o ¿se trata simplemente de un deterioro del atractivo de la “marca partidaria”, producto del desgaste del tiempo  y/ o provocada por situaciones de corrupción?  ¿O ambas cosas?.

¿Cuál es nuestro espacio en este nuevo Chile que hemos contribuido a construir en estos 30 años de vida como fuerza progresista? ¿Cuál será nuestro rol y  nuestra política de alianzas en la nueva situación?.  Estas y muchas otras preguntas debemos  plantearnos como parte de la reflexión que tenemos que hacer, para recuperar presencia  e influencia.

UN POCO DE HISTORIA .

En el decurso de su vida son varios los rasgos distintivos de la semblanza PPD. En el nacimiento del Partido no estuvo presente la idea de asumir la representación de una clase o de un sector social determinado. Tampoco estuvo presente el propósito de ser un Partido Político  “portador del futuro”, de vanguardia iluminada que tenía la misión de conducir a la Nación hacia un predeterminado modelo de sociedad. Al momento de nacer, el PPD no adhiere a una ideología o doctrina específica,  ni a una  cosmovisión cerrada de la historia y de la vida.

Nacimos simplemente como una confluencia de ciudadanos que compartía un diagnóstico común sobre la realidad del país  y motivados por una gran y única aspiración. Derrotar a la dictadura y POR LA DEMOCRACIA.

Nuestros fundadores no venían de la nada. La mayoría traía consigo la experiencia y el compromiso de militancias políticas y sociales anteriores, templadas en victorias y derrotas de muchos años.

Desde el punto de vista  de las ideas, en la fundación del Partido confluyeron personas provenientes de diferentes tradiciones. La tradición liberal que resalta los conceptos de libertad personal, la tolerancia y el pluralismo. La tradición socialdemócrata que conjuga la democracia con la búsqueda de la justicia social. La tradición marxista que releva el concepto de la igualdad y el rol del movimiento popular. Estos rasgos constitutivos de nacimiento  acompañan el desarrollo inicial del Partido, condicionaron su posicionamiento y también “improntaron” su convivencia interna.

En los años siguientes el PPD transita de su condición instrumental a Partido programático. De la Fuerza del NO a la Fuerza del Cambio. Define sus ideas, valores y principios desde su Ethos fundacional y consolida un espacio en el sistema de partidos adquiriendo con los años una IDENTIDAD propia. Diferenciada de los partidos de izquierda tradicionales (PS y PC) y percibida como DISTINTA por una parte de la ciudadanía.

Ingresamos tempranamente al gobierno, formando parte de una coalición de centroizquierda, la Concertación y,  durante 4 gobiernos sucesivos, colaboramos al desarrollo progresista de la sociedad chilena. Durante este período persistimos en cumplir el rol de fuerza de avanzada (no de vanguardia) por la Democracia y por los Cambios.

Aunque siempre nos sentimos sub-representados en  las funciones de Estado, muchas de las ideas y postulados del PPD se encarnaron con acentos diferentes en los programas de los  gobiernos de la Concertación y, lo más importante, se fueron haciendo sentido común en una parte de la ciudadanía, se extendieron vertical y transversalmente en la sociedad y en la coalición. (Defensa del medio ambiente, crecimiento con equidad, el valor de la diversidad y la no discriminación, respeto a los pueblos originarios y a los derechos humanos, entre muchas otras materias).

Este ha sido una de los grandes  méritos históricos del Partido: Muchas de sus ideas y postulados comenzaron a enraizarse  en la sociedad y contribuyeron, en lo económico, lo  político y cultural, a la evolución del país en una perspectiva  progresista.

En el último período, después de la derrota de la candidatura de Frei el año 2009-2010 participamos activamente en recrear una gran alianza de Centroizquierda (ampliada al PC) La Nueva Mayoría. Recuperamos el Gobierno y nos reconocimos como integrantes y responsables de un gran programa de reformas en la línea de construcción de un país más democrático, más justo y más igualitario.

Desde su nacimiento hasta el día de hoy la evolución del PPD exhibe varias constantes distintivas: Surge y se consolida como fuerza política desprovista de una  ideología. Reconoce su macro  espacio natural en la centroizquierda (no en la izquierda). Contribuye  a la construcción de mayorías sociales y políticas por el cambio, desde su propia  identidad progresista, diferenciada de los otros actores de centro y de izquierda. Son los hechos.

Cabe entonces la pregunta: Si las ideas y postulados del PPD avanzan en la sociedad ¿por qué  su representación electoral retrocede?.

Otro poco de historia.  Y tiene que ver con  las consecuencias naturales  y los efectos colaterales que el ejercicio del poder provoca en los colectivos  y en las personas. En el caso estricto del Partido, la participación en los gobiernos de la Concertación facilitó un proceso de  ” tradicionalización ” y empezamos a dejar de parecernos a nosotros mismos y comenzamos a parecernos más a los partidos clásicos. Algunos de nuestros rasgos diferenciadores respecto a otros partidos tradicionales de izquierda, de la Concertación y de la Nueva Mayoría,  se debilitaron. En este proceso marcan un hito las resoluciones del Consejo Nacional de enero  del año 2012, en particular la definición central del giro a la izquierda (o ¿sobregiro?) .

En el ámbito de la vida interna del PPD, la riqueza de la diversidad y la pluralidad de  visiones, que condicionaban sus posturas, también se fue opacando con el tiempo. La gradualidad propia del moderno reformismo político y social que caracterizaba al Partido fue siendo  desplazada y aparece una “retroexcavadora”, en un terreno donde siempre hubo gente trabajando con palas.

En correlato  emergieron y se consolidan tendencias internas, o mejor dicho grupos de poder, que han actuado con una lógica autorreferencial en la toma de decisiones respecto al Estado y al propio DESARROLLO PARTIDARIO. De lo anterior se desprende  inevitablemente una cierta oligarquización de los equipos dirigentes  y TODOS  (los pocos militantes activos y los  dirigentes) adquirimos estilos de acción que privilegiaron la relación con el poder más que con la ciudadanía.

Para rematar, en los últimos años, el PPD se ve afectado de manera especial por la convivencia corrupta del dinero y la política (caso SQM). El trato fue inadecuado. Fuimos tolerantes y casi permisivos. Seguramente eso  también afectó, en la percepción ciudadana, el prestigio y la credibilidad de nuestro Partido.

Es difícil precisar en el tiempo el inicio de estos procesos  (PORQUE NO ES UNO SINO VARIOS EN PARALELO) así como su estado de cristalización y la posibilidad de revertirlos. Pero no cabe duda de que todos ellos han contribuido al alejamiento  de  militantes y a la desafección de una parte de la ciudadanía que se identificaba PPD y que se refleja progresivamente en el plano electoral.  Los últimos resultados  encienden una luz de alerta. La mayoría de los procesos que nos afectan son reversibles o mitigables. Pero si  no reaccionamos a tiempo conduciremos al partido a un espacio de irrelevancia y de fase preterminal. Ese ya no será el momento de nosotros  sino el de aquellos que  siempre, en la intimidad de sus fueros, han pensado en la desaparición del PPD o en la  fusión con otros Partidos.

NUESTRO ESPACIO, NUESTRA VIGENCIA, NUESTRO FUTURO.

No cabe duda  de que en los treinta años de vida el PPD conquistó y mantiene un espacio propio en la política nacional,  independientemente de su declive electoral  y del fuerte revés en la última parlamentaria. Sin embargo, es necesario reconocer que la inauguración de un nuevo sistema electoral, que posibilita el surgimiento y la diversidad de nuevos actores, acotará en el futuro los espacios de crecimiento y de representación del PPD y de TODOS LOS  PARTIDOS  DEL SISTEMA.

Lo más probable es que la Política y las Alianzas, el sentido de las coaliciones, así como los espacios y los roles de los Partidos, tengan un desarrollo distinto al  impuesto por el antiguo binominal. Es la experiencia histórica de otros países. (Alianzas legislativas por iniciativas puntuales, coaliciones electorales-programáticas versus coaliciones estratégicas en torno a proyecto-país, roles asociativos más que roles de vanguardia, etc.). Al respecto  tendremos que hacer un aprendizaje como PPD.

Pero  el aprendizaje  tenemos que hacerlo desde nuestra identidad. Desde nuestra radicalidad democrática y nuestra condición de Fuerza Progresista por los cambios. Reconociéndonos en el  macro espacio de la centroizquierda y no  en la izquierda. Con mayor razón ahora que un nuevo actor, el FRENTE AMPLIO, llegó para quedarse con el propósito de constituirse, desde la izquierda, en fuerza alternativa a lo que históricamente hemos representado nosotros, primero como Concertación y luego como Nueva Mayoría.

Es necesario recordar que durante el tiempo de la concertación siempre tuvimos un referente a la izquierda, el PAIS o el Juntos Podemos, integrados por Partidos (ej. el PC) que se mantuvieron circunscritos en su representación por la lógica binominal y por la raigambre societal  lograda por  nuestras propuestas.

Lo singular de la nueva situación (en el contexto de un Chile política y culturalmente distinto y sin binominal) es la instalación de una nueva fuerza política  y parlamentaria  con vocación de poder (FA). Animada por el propósito radical de terminar con el Capitalismo, aunque usando conceptos elusivos “la superación del modelo”  y remplazar el reformismo progresista de la centroizquierda, como alternativa de gobierno y gobernabilidad.

En esta  situación también el  Frente Amplio se verá sometido a las tensiones y vicisitudes que implica la política, los posicionamientos  y las alianzas  con sistema proporcional. Lo asumirá desde una IDENTIDAD EN CONSTRUCCIÓN, desde su condición de fuerza parlamentaria heterogénea, integrada desde liberales hasta sectores  de izquierda radical. Con un partido (RD) conteniendo su pulsión hegemónica para preservar y/ o dirigir la unidad  del bloque y obligados  a una relación de entendimientos y divergencias con las fuerzas progresistas que han marcado el devenir del país después de la derrota de la dictadura. La primera prueba fue la definición, o la ambigüedad, de su postura  para la segunda vuelta presidencial,  de la que hay que recoger algunas enseñanzas predictoras.

Respecto al Frente Amplio, tampoco  es descartable que se  repliquen procesos inherentes a otras experiencias históricas de surgimiento de referentes que se sitúan más a la izquierda de las coaliciones progresistas que han predominado. Algunos se verán tentados a cruzar la vereda y subsumirse o subsumarse con el nuevo referente  (ej. posible el PC).  Otros intentarán capitalizar  su condición de fuerza mayoritaria (ej. posible el PS) para marcar el ritmo y hegemonizar el rumbo. TODOS estaremos, en mayor o menor medida, expuestos a la tentación de hablar y hacer política desde la INDIVIDUALIDAD PARTIDARIA,  desde una óptica  más bilateral y  menos de conglomerado (cualquiera sea su forma  y su nombre).

En ese escenario, será más tensa y más compleja la  preservación de  la unidad  de las fuerzas de centro y de izquierda y sobre todo  su reconfiguración como  alternativa de gobierno y de gobernabilidad.

Será un proceso complejo y prolongado por que la derrota presidencial y el fracaso de La nueva Mayoría abre un ancho espacio de interrogantes y cuestionamientos  al  interior de todos los Partidos de la Centro Izquierda. Enfrentados a la ejecución de reformas importantes con Bachelet, La Nueva Mayoría reveló que detrás de las diferencias y los “matices” hay conceptos fundamentales por clarificar, como la relación del Mercado, el   Estado y la sociedad civil, la relación entre lo Público y lo Privado, sólo por señalar algunos.

En el caso del PPD  también tenemos un camino que hacer y explicitar las posiciones que existen al interior del Partido respecto a temas fundamentales, para definir nuestra acción futura. Los valores, principios y postulados principales que están en nuestro origen y desarrollo tienen una adhesión mayoritaria. Pero hay que reconocer que aún conviven en el PPD inspiraciones teóricas  y visiones distintas sobre el Mercado, el Estado y la Sociedad civil, incluso sobre el carácter del Partido. Todavía, coexisten sectores de Izquierda, socialdemócratas y liberales progresistas en el PPD. Lo importante es que la riqueza de esa diversidad converja en una postura común para reposicionar al Partido.

 La tarea y los desafíos son inmensos y  apasionantes.

Para cumplirlos a cabalidad necesitamos, al decir de Lenin (¿por qué no citarlo ?) un Partido diferente, un Partido de nuevo tipo.

NOSOTROS EL PPD.

Nosotros los de entonces ya  no somos los mismos (Pablo Neruda, Poema 20). Es verdad. Desde su nacimiento a la fecha el PPD ha evolucionado. Repetimos que aunque los valores, principios y postulados centrales permanecen inalterables en el tiempo, sus rasgos de origen han mutado. Algunos se acentuaron, otros  se desdibujaron y  pocos, pero significativos, desaparecieron en el proceso natural de crecimiento y desarrollo propios de un colectivo vivo. En rigor nadie puede nacer de nuevo (salvo en la leyenda del Ave Fénix) y recuperar -a la edad de 30 años- la totalidad de los rasgos de origen y de  adolescencia.  Pero las personas y los Partidos pueden  rectificar y “resciliarse”.

Si queremos preservar al PPD y proyectar nuestra condición  de Fuerza Progresista por el cambio tenemos que cambiar nosotros mismos. CAMBIA PARA RECUPERARNOS Y VOLVER A GANAR. Pero no sólo cambiar. También reafirmar. Ratificar todo lo propio que nos ha permitido avanzar y hacer avanzar (Norberto Bobbio en su libro ‘Elogio a la templanza’). En este proceso virtuoso de reafirmación y cambio destacan  varios desafíos. Concluyo mencionando algunos:

Actualizar nuestra propuesta programática. Ella debe rendir cuenta del NUEVO  Chile  para restablecer una mejor sintonía con los sueños, los miedos y las aspiraciones de los ciudadanos. Concentrar en los territorios la acción política del Partido, recuperando la voluntad de apertura a la sociedad que nos caracterizó. Reforzar la institucionalidad partidaria, para mejorar la democracia interna, formar y renovar los liderazgos  y recuperar las confianzas, el sentido de colaboración y de compromiso de los que habitamos el mismo hogar.

Ariel Medina

Doble militante

de Til Til y Lo Prado

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