Hace un tiempo vengo dándole vueltas a una pregunta: ¿qué militancia convocamos y qué experiencia ofrecemos a quien se acerca? Al mirar la política, también al PPD, veo un espejo que devuelve nuestras disputas, vocerías y estrategias, y una puerta que no siempre sabemos abrir a quienes están fuera.
En los últimos años, buena parte de la política —también la oposición— parece hablar demasiado de sí misma. A veces producimos contenidos para los ya convencidos y terminamos entrevistándonos entre nosotros. En redes, alcance y reacciones pueden confundirse con conexión. Pero la visibilidad no demuestra que hayamos escuchado fuera de nuestros círculos.
Esto interpela al PPD: lo que comunicamos y la experiencia que ofrecemos influyen en la militancia que convocamos. Si hablamos sobre todo de problemas y frustraciones, ¿qué espacio dejamos para las ideas, el compromiso y el trabajo colectivo?
Los resultados exigen una mirada sin triunfalismos ni caricaturas. Según la Biblioteca del Congreso Nacional, la votación atribuida al PPD en diputados fue de 366.097 votos (6,10%) en 2017; 243.428 (3,85%) en 2021; y 430.524 (4,02%) en 2025. Ese año, la lista vinculada al partido eligió nueve diputados, cinco de ellos independientes: dos escaños más que en 2021. Hubo más votos, pero menor proporción que en 2017. Además, en 2025 el voto fue obligatorio, a diferencia de 2017 y 2021: las cifras absolutas no son directamente comparables. Tampoco explican por sí solas por qué alguien participa o se aleja.
La puerta gira en ambas direcciones: mientras unas personas se incorporan, otras se alejan. El 21 de agosto de 2026, el secretario general informó que el PPD tenía más de 26 mil militantes y había sumado 435 durante el año. Ese mismo día, un grupo anunció que más de 300 dejarían el partido, aunque las salidas efectivas fueron cerca de 50. Estos datos parciales no permiten establecer un saldo neto y tampoco explican cómo se vive la militancia. Además de contar quiénes llegan y quiénes se van, necesitamos saber cuántos participan y qué razones encuentran para quedarse.
Algunas personas llegan para ser candidatas; a la vez, el PPD respalda candidaturas independientes que no necesariamente se integran al trabajo permanente. Sin atribuir una misma motivación a todas las trayectorias ni restarles valor, cabe preguntar qué vínculo construimos más allá de una elección. ¿Qué encuentra esa persona cuando termina la campaña?
El Consejo Estratégico del PPD debe pensar el Chile de 2050. Ese horizonte importa, pero los planos del futuro no debieran impedirnos revisar la casa actual: qué hacemos bien, qué debemos corregir, cómo respondemos a las urgencias y qué mejoraremos en los próximos tres años. El país que imaginamos también se construye con las decisiones y la confianza de hoy.
Abrir la puerta es el comienzo. Para que alguien quiera quedarse, debe encontrar vida comunal todo el año, formación, debate democrático y espacios reales para proponer, incidir y asumir responsabilidades entre elecciones. La crítica sirve cuando ayuda a reconocer y cambiar lo que no funciona.
Una casa partidaria se mide por quién puede entrar, participar, discrepar e influir, y por sus razones para quedarse. A quienes se acercaron al PPD y a quienes podrían hacerlo: sus preguntas y su compromiso hacen falta. Al partido le corresponde convertir esa energía en acción colectiva.
La pregunta no es solo qué país queremos habitar en 2050, sino qué debemos cambiar hoy para que más personas quieran cruzar la puerta y ayudar a construirlo.

