Columna: Nuestra oposición eclipsada

Por Pablo Silva Cornú

¿Qué sucede con nuestra oposición? Es la pregunta que aún nos hacemos desde hace un buen tiempo. ¿Qué hacemos? ¿Cómo lo hacemos? ¿Con quiénes lo hacemos? Preguntas que pueden ser bastante básicas pero medulares al momento de consolidar una tarea pendiente que sigue en oscuridad. A un año y medio del gobierno actual, las respuestas a estas cuestiones siguen tapadas por otros problemas. Y a propósito de que fuimos testigos de uno de los más maravillosos fenómenos naturales, cabe pensar que nuestra oposición vive una situación similar: la luz del sol tapada por la sombra de la luna, la oposición tapada por cosas que aún no logramos superar.

Si miramos nuestra realidad, el Frente Amplio aislado del mundo de oposición y lo mismo el Partido Comunista; el Partido Por La Democracia más preocupado de las elecciones municipales del próximo año; el Partido Socialista entrampados en su crisis interna, la Democracia Cristiana llegando acuerdos con el gobierno; el Partido Radical muchas veces invisibilizados y lo mismo ocurre con otras colectividades, pues ¿así cuándo? ¿Qué nos sucede? ¿Cuánto más seguirá esta situación?

Efectivamente los presidentes de algunos de los partidos de oposición sostienen reuniones cada cierto tiempo para abordar determinados temas, pero la pregunta es ¿y después que?; efectivamente es importante sostener dichos encuentros, pero ¿en qué se materializa? ¿En simples declaraciones débiles que al gobierno no le hacen ni cosquillas? ¿Cuándo será el día en que realmente nos comencemos a organizar como oposición y llevar una lucha contra todas las manifestaciones de este gobierno conservador y proclive a las viejas ideas de la derecha?

Pues ¿será que otra vez los movimientos sociales harán despertar a los partidos políticos a concretar su unidad y llevar a cabo una oposición solida? Sería una alternativa, pero eso significaría que nuevamente olvidamos nuestro rol en la sociedad y postergamos la posibilidad de que la ciudadanía recupere la confianza en nosotros, mientras el gobierno se sigue riendo de esta oposición eclipsada. Se ríe de nuestra actitud reactiva, sin proyección política, sin mística de oposición, atomizada a no poder más; se ríe de nuestra incapacidad de organizarnos.

Chadwick aún no renuncia, Cubillos no renunciará, se siguen vulnerando derechos, se sigue profundizando la desigualdad y la concentración. ¿Y la oposición? Atomizada, particularizada, desmembrada, descabezada, etc. Una lamentable situación frente a un gobierno que llego a su aprobación más baja nunca vista en la historia de nuestro país: 23%.

Efectivamente en el Congreso las distintas bancadas de partidos de oposición logran un cierto grado de organización como bloque contra los proyectos sesgados del actual presidente, pero, sin desmerecer, no es suficiente. Hace falta organizarnos con y para la ciudadanía, en las regiones, en las comunas, con líneas políticas programáticas claras y concretas, con carta de navegación definida y socializada, entre otras actitudes fundamentales para superar nuestra crisis como oposición.

Por lo mismo no tan solo nos quedaremos en la crítica devastadora por la cual me hago cargo de ella, sino que también, y como buen ciudadano consciente y militante, tenemos propuestas:

  • Reunirnos y mirarnos las caras, entre todos los agentes de oposición y llevar encuentros no tan solo de los cabecillas de las colectividades, si no que de toda la militancia que pueda participar. Y sí, aunque nos demos duro, tratemos de debatir, de entendernos, pues así es la democracia, y de eso saquemos dos cosas: ser capaces de reunirnos en un encuentro desde el Frente Amplio hasta la Democracia Cristiana; y damos paso a lo segundo, un segundo encuentro donde comenzamos a marcar pauta de oposición, dejarnos de mezquindades e intereses particulares y comenzar a pensar en Chile.

 

  • No seguir llorando sobre la leche derramada frente a la gente, sino que organizarnos con la gente. Que todo lo que se realice sea siempre de cara a la ciudadanía, si al fin y al cabo nuestras intenciones es buscar y recuperar la confianza de la gente esperando que todo sea fortalecido en todas y cada una de las regiones.

 

  • Que en todas nuestras colectividades efectivamente se consolide el recambio generacional de nuestros liderazgos, por dos sencillas razones: la política siempre se mira en acciones atingentes para un futuro a mediano y largo plazo, y porque la ciudadanía hoy tiene un cierto grado más de confianza en nuevas lideresas y líderes que levanten las banderas que representan sus necesidades.

 

  • Por último, que dichos acuerdos políticos sean duraderos y se que se reflejen en todas las acciones de cada uno de los militantes en cada una de las colectividades, sobre todo en los que ostentan cargos de elecciones.

En estos momentos no hay espacio para egoísmos individuales, de lo contrario, el resultado será el que todos le tememos: un nuevo periodo con la derecha gobernando, y no tan solo la derecha más moderada, sino que será la más agresiva y en ocasiones violenta. Eso será peligroso no tan solo para la izquierda, también para todo el país en general y las primeras espinas de esa derecha ya se han dejado ver, y nosotros seguimos tapados, ocultos, eclipsados por nuestras propias incapacidades y en muchas ocasiones por nuestros mezquinos intereses.

 

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