Columna: 11 de septiembre, futuro con memoria

Muchas personas en nuestro país recuerdan el 11 de septiembre de hace 46 años, los que vivieron ese día cerca o lejanos del bombardeo de La Moneda, los que sufrieron el dolor de un golpe contra la democracia y desde la mirada de quienes egoístamente se alegraron por lo sucedido, como otros que no vivimos ese día pero que lo recordamos como parte de nuestra alma política en un contexto totalmente diferente al de ese entonces.

Hoy tenemos democracia, pero hace 46 años fue arrebatada a balas, bombas y sangre, y en nuestro futuro debemos defender esa democracia que nuestro presidente Salvador Allende quiso y que fue recuperada un 5 se octubre de 1988.

En los jóvenes de ayer, de hoy y los que vendrán siempre estarán presente las profundas convicciones del presidente Allende, esas ideas de entender que el cambio social podría conseguirse por medios pacíficos y totalmente democráticos. Que un país con familias principalmente en situación de vulnerabilidad puede mejorar haciendo todos los esfuerzos políticos de modificar la matriz, transformando la estructura en búsqueda de la independencia económica nacionalizando el cobre y profundizando la reforma agraria.

Un presidente que creía indiscutiblemente en la fortaleza de la juventud y su espíritu transformador y revolucionario. Un líder que sacrificó su vida por cuidar las del resto de sus compatriotas. Un compañero que tomó decisiones difíciles en contextos adversos. Un mandatario que gobernó con y para el pueblo.

Hoy en día el actual gobierno y su sector negacionista, quienes en su mayoría defienden el golpe militar y la cruel y sangrienta dictadura, intentan olvidar lo sucedido ese día oscuro. Niegan el pasado. intentan desvirtuar lo sucedido. Algunos se burlan del dolor de muchas familias que perdieron a sus seres queridos.

La irresponsabilidad de un gobierno que administra un Estado que tiene una historia y su gobernante empresario no logra comprender que sin memoria un país no logra crecer. No se trata tan solo de recordar a un presidente socialista que buscó por un medio democrático un mejor futuro para nuestro país, sino que también se trata de recordar un día que se consumó un golpe contra un presidente constitucional y el resultado de todo fueron cruentas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos.

Eso es lo que quieren olvidar estos sectores porque la historia les pesa.

Hoy los jóvenes debemos defender el proyecto de presidente que buscó la independencia económica de un país emergente. Debemos defender la democracia que a duros golpes se recupero mediante los mismos medios que Allende usó: la democracia, un voto, un NO contra Pinochet, un NO contra el golpe, un NO contra la violación a los Derechos Humanos.

Los jóvenes debemos indiscutiblemente responder a nuestro propio espíritu que Allende reconoció tantas veces: ese espíritu revolucionario, ese espíritu que ha transformado profundamente a nuestra sociedad y al mundo entero. Los jóvenes debemos despertar del sueño y la comodidad, debemos levantarnos contra todas las injusticias, vulnerabilidades, agresiones y abusos contra las mujeres, el medioambiente, los animales, nuestros derechos laborales, educacionales, de salud, de vivienda, entre otras problemáticas que nos afectan profundamente.

Debemos desvelarnos de nuestras propias comodidades y organizarnos para evitar que nuestro futuro sea más oscuro de lo que quizás algunos ya comienzan a dilucidar. En resumen, debemos despertar y defender lo que tanto quiso nuestro presidente Salvador Allende: un país mejor, democrático, justo e igualitario para todas y todos.

Soy allendista porque creo profundamente en su proyecto, no como una estatua o un artefacto de museo, sino como una experiencia viva que siempre estará latente en algunos que aún seguimos creyendo fielmente en un proyecto democrático inagotable.

Salvador en su último discurso dijo: “y les digo que tengo la certeza, que la semilla que entregáramos a la conciencia, digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente, tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales, ni con el crimen, ni con la fuerza, la historia es nuestra y la hacen los pueblos (…)” (1973).

Los jóvenes defenderemos ese legado, porque jamás se detuvo el proceso social, y la semilla en la conciencia digna de miles y miles de chilenos sigue más viva que nunca. Defenderemos este legado en este gobierno y en los que vengan.

Por Pablo Silva Cornú

 

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