Autocultivo es Igualdad

Por Farid Seleme, Presidente Juventud PPD

En una sociedad donde la competencia se ha transformado en el motor del éxito, no es extraño que los seres humanos busquemos distintas formas de espiritualidad, evasión, reparación o entretención. Las drogas, querámoslo o no, son una de ellas; fórmula no despreciable, según los últimos datos estadísticos. El décimo estudio nacional de drogas en población escolar (entre 8° básico y 4° medio), del Senda, señala que el 30,6% de los jóvenes consumió marihuana durante el último año. Al aplicar el factor desigualdad, las cifras se vuelven aún más interesantes.

La marihuana prensada, de más baja calidad y mezclada, tiene una prevalencia de un 33,9% en los establecimientos de dependencia municipal, versus un 13,6% en los establecimientos particulares pagados. Estos últimos estudiantes, en su gran mayoría, consumen marihuana “verde” (70,3%). Respecto a la pasta base, si bien su consumo es poco declarado en esta encuesta (2,3%), su prevalencia es tres veces mayor en los colegios municipales que en los colegios particulares pagados. En otras palabras, quienes menos tienen consumen drogas de menor calidad.

Al analizar los datos en la población general, las cifras son aún más alarmantes. El consumo de pasta base tiene una prevalencia nueve veces mayor en los estratos bajos que en los estratos altos. La pasta base es una droga de bajo costo, a base de residuos de cocaína, ácido sulfúrico, queroseno y otros aditivos. Es un veneno, más que una droga; el mismo que tiene a muchas de nuestras poblaciones transformadas en cementerios de vidas que alguna vez pudieron tener un rumbo distinto.

Entonces, el problema sobre la despenalización del cultivo de marihuana (sancionado actualmente por la Ley N° 20.000, o “Ley de Drogas”), también se convierte en una discusión cruzada por la desigualdad. Sobra evidencia para demostrar cómo las políticas represivas no han tenido efecto en cuanto a la evolución del consumo de drogas ilícitas en la población (el estudio sobre incidencia en la población escolar, ya citado, muestra aumentos constantes y consecutivos año tras año); es necesario reformular radicalmente las políticas públicas en la materia.

¿Queremos destruir al narcotráfico, y evitar daños irreparables en la salud de las personas? Ante la respuesta afirmativa, el camino obligado es el reemplazo del consumo de venenos y drogas de baja calidad, especialmente en nuestra población más pobre, sustituyéndolo por drogas puras, con menos aditivos sintéticos en los casos de las personas que opten o se vean obligadas a mantener el consumo, e idealmente educar a la población para que pueda decidir informadamente si quiere consumir o no, claro, asumiendo riesgos.

En concreto, se trata de sustituir el consumo de pasta base por el consumo de marihuana; también de sustituir el consumo de marihuana prensada por marihuana verde o natural. El consumo de drogas no es un problema de una sola clase social, es transversal en la población. La diferencia está dada por que un joven de Vitacura, que se fuma un par de cogollos a la semana, tiene mayores posibilidades de no ver afectado su proyecto de vida por aquello; pero quien nació en una comuna pobre, y consume porros llenos de químicos y venenos, tiene una alta posibilidad de pagar mayores costos, incluso ser exiliado del sistema (cayendo en redes de narcotráfico o delincuencia), así como también de dañar irreparablemente su salud y la de quienes lo rodean.

Cierto es que la calidad de la droga no es el único factor a considerar. Mal podría serlo en el país más desigual de la OCDE, pero es uno de los factores que con más facilidad podemos abordar, para comenzar gradualmente a cambiar la realidad aterradora en nuestras poblaciones.

Una salida próxima es la regulación del autocultivo, eliminando necesariamente los anómalos requisitos que impone actualmente la ley (inversión de la carga de la prueba respecto al consumo personal y autorización del SAG para el cultivo), además de una política de salud dirigida a la población consumidora de drogas, para fomentar el cultivo y consumo de marihuana natural. Todo un giro respecto a la estrategia prohibicionista de “Don Graf”, que ha sido defendida por los sectores de Chile que no quieren que las cosas cambien.

En este sentido, es un avance la votación unánime de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, que aprobó en general los proyectos fusionados que legalizan el autocultivo, con fines privados y medicinales.

El gobierno debe, en lo sucesivo, apurar con las urgencias necesarias la tramitación de este proyecto de ley; pues la política de drogas también debe ser parte de su relato de lucha contra la desigualdad.

Autocultivo es un camino hacia mayor igualdad. Así, al menos, lo siente el 70% de los chilenos, según el último Estudio de Política de Drogas del Observatorio Latinoamericano de Políticas de Drogas de Asuntos del Sur, que mientras ven con ojos favorables una política de despenalización, y un fuerte enfoque sanitario sobre el consumo de drogas, también son altamente críticos de las políticas y campañas actuales para prevenir su uso. Tenemos una gran tarea pendiente, la de avanzar hacia políticas de drogas más sensatas y que de una vez pongan al ser humano al centro de la solución.

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