AUSTERIDAD PARLAMENTARIA: ¿una idea peligrosa?

Por Domingo Namuncura

En comparación con otras instituciones similares a nivel mundial se trata de una entidad que es, más que suficientemente generosa con los sueldos y diversas subsidios que ayudan al desarrollo de la actividad parlamentaria. Las cifras promedio del gasto por cada parlamentario supera los M$ 22 millones de pesos considerando gastos administrativos, pasajes, bencina, asesores, secretarias, oficinas, alimentación y otros servicios. De este total un porcentaje relevante lo constituye un sueldo de M$ 8 millones de pesos y fracción que, con los descuentos legales, se ubica en un salario personal de M$ 6,5 millones de pesos. Los Diputados Jackson y Boric han señalado que se trata de ingreso que supera en 40 veces el salario mínimo.

 Previo a una conclusión, consideremos algunos asuntos esenciales. Los parlamentarios tienen un rol muy sensible en todo régimen democrático. No sólo representan a un porcentaje de los electores. Esto, sin perjuicio de considerar que muchos electores, en algunas ocasiones, son los responsables de elegir a personas que después critican. Los elegidos debaten y aprueban Leyes, las mismas que terminan afectando, para bien o para mal, la calidad de vida de millones de chilenos. En ese sentido, se piensa que para evitar que un parlamentario sea tentado por ofertas económicas que circulan en los oscuros laberintos del lobby, cuando están en juego definiciones que afectan intereses de terceros, es indispensable que sus ingresos impliquen -en cierto modo- una cautela o precaución para que dicho lobby no termine tentándolos a negociaciones turbias. El punto es que todos los Congresos en el mundo han demostrado hasta la saciedad que, cuando un legislador quiere dejarse tentar con sugerentes ofertas de empresarios o terceros, siempre encontrará un camino para burlar los controles y fiscalizaciones del Estado y, finalmente, incrementará sus ingresos, ya sea directa o indirectamente a través de consultorías o empresas de servicios o inversiones, muchas veces familiares o con otros socios. En síntesis: un sueldo alto (40 veces el salario mínimo como indican los parlamentarios Jackson y Boric) no es garantía de severidad parlamentaria ante terceros y un sueldo-promedio al ingreso de un profesional normal, igual pone al legislador ante el escenario de todo tipo de tentaciones financieras.

La virtud de la propuesta que han puesto en el debate ambos parlamentarios tiene que ver con otro aspecto y este es que el servicio público debe regirse por un principio de austeridad en forma obligada. Un parlamentario que al momento de ser electo ejercía una profesión en forma sencilla, que vivía en un barrio modesto o de clase media, que tenía un vehículo con más de 6 años de uso y que se atendía en Fonasa y sus hijos estudiaban en un colegio público, y que con el paso de los años se cambia de casa y de barrio a un lugar más acomodado; cambia su vehículo por uno nuevo y de marca (cero kilómetro) y que además, adquiere un segundo vehículo (para la familia); que se examina en las mejores clínicas de santiago; cambia a sus hijos a colegios caros, se compra una casa en la playa o una parcela en Pirque y ya no vacaciona en Algarrobo o Maitencillo sino que en los mejores resort de Brasil o México, ese parlamentario que ha experimentado un intenso giro en su calidad de vida, no puede pensar que sus continuos y sostenidos privilegios pasarán desapercibidas ante los ciudadanos. Y lo convertirá, inevitablemente, en un objeto de crítica, pues ante los ojos de la ciudadanía el Servicio Público se convierte en un centro de poder y riqueza.

Disminuir el salario de los parlamentarios a la mitad de sus actuales ingresos, igualmente implica un gran sueldo. El punto es otro: si ello contribuye a recuperar para el servicio público la probidad, la austeridad y la transparencia que esta función requiere. Si consideramos los conflictos de interés, hemos de agregar un nuevo componente. Si sumamos además, que el parlamento se convierte en un lugar de carrera vitalicia y tenemos entonces legisladores vegetando por décadas en el Congreso, sin brindar oportunidades a nuevas generaciones, la crítica ciudadana será ácida y con justa razón.

¿Necesita Chile Senadores que duran en sus cargos ¡ 8 años ! ..? El país debe invertir la friolera de M$ 2,400 millones de pesos por cada Senador para todos sus gastos durante ese largo período. Y cada Senador gana en esos años un poco menos de M$ 1.000 millones. Y esto es, efectivamente, una poderosa fortuna. Un Diputado le cuesta al país M$ 1.056 millones en los cuatro años de ejercicio. Y en remuneraciones cada parlamentario gana en cuatro años M$ 306 millones, a lo menos.

En todos estos casos, se trata de medianas y grandes fortunas, que explican -en cierto modo- la intensidad con la que nuestros legisladores se resisten a cualquier tipo de modificación a los períodos de reelección, al procedimiento del lobby y a un ajuste remunerativo.

Boric y Jackson no se enfrentan entonces con una muralla sino con un acantilado, lleno de rocas y piedras filosas, muy difícil de escalar. Y las pruebas de esto han sido claras: varios legisladores han expresado todo tipo de epítetos hacia estos parlamentarios nuevos (el tema de la edad es solo un dato, porque entre otros, el Senador Quintana ha expresado su disposición a votar en favor del proyecto de reducción salarial), y lo han hecho desde atacar su juventud, adjetivarlos como “populistas”, sacarles en cara “la mesada del papá” y hasta, finalmente, un parlamentario que envió a los diputados a comprarse un terno…..Y ya sabemos que la ropa no hace al monje.

Suma para el cierre: muy probablemente los parlamentarios buscarán que el proyecto de Boric y Jackson no pase más allá de una comisión (dilación del trámite). Si esto no resulta, buscarán impedir que el proyecto entre en sala, para que los legisladores (de todos los colores) no se vean “expuestos” por la forma cómo votarán. Y si finalmente, se vota, es evidente que el proyecto no será aprobado. Se habrá perdido una batalla. Pero no la guerra. Porque la iniciativa de Boric y Jackson seguirá latente y más temprano que tarde, especialmente en el marco del debate nacional sobre la Nueva Constitución, habrá varios temas que el país tendrá que resolver mejor:

 1.- ¿Queremos seguir con un Congreso con dos cámaras? (una de ellas claramente discutible en su continuidad).

2.- ¿Poner límites claros a la reelección? (no más de dos períodos)

3.- ¿Ajustar los salarios parlamentarios a ingresos normales?

4.- Establecer un riguroso sistema de fiscalización ante cualquier falta de probidad, incluso con la renuncia del parlamentario que se deje tentar por el lobby financiero.

5.- Poner plazos a los debates parlamentarios para que las leyes de especial interés social no duerman el sueño de los justos.

En definitiva: ¿cómo establecemos un Parlamento, además, más democrático y representativo; con una presencia y participación adecuada de mujeres e indígenas?.

Son los temas que emergen, entre otros, de esta iniciativa virtuosa de los Diputados Boric y Jackson, que merece toda nuestra comprensión y apoyo.

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