Partido por la Democracia (PPD)

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Debate

Columna de Opinión

A pocas horas de acontecido el terremoto del 27 de febrero, desde la mesa directiva nacional se inició el lento trabajo de establecer contacto con las zonas amagadas. Las comunicacioes han sido muy difíciles, especialmente con las comunas devastadas del Maule y Bío Bío. Las comunicaciones estuvieron interrumpidas en todos los sentidos (telefónos residenciales, celulares) y sólo se logró establecer los primeros contactos el domingo 28 a través de la red social de facebook  y mediante correos electrónicos. En general, los militantes y simpatizantes en zonas no afectadas con mayor intensidad iniciaron también los contactos comunales para saber de la situación de cada familia y sumarse a las primeras acciones locales de solidaridad. La Juventud del PPD inició el lunes 1º de marzo la campaña de recolectar ayuda y concentrarán sus trabajos voluntarios en la sufrida localidad de Llo-Lleo en la provincia de San Antonio.

 

Compañeras y compañeros.

Estamos reunidos, como tantas veces en este Consejo Nacional. Pero el escenario de hoy es distinto. Hemos llegado desde todas las regiones del país con incertidumbre, con pena y con no poca rabia.

Hemos sido derrotados el pasado domingo. La Concertación ha perdido el Gobierno tras 20 años y nuestros adversarios volverán a La Moneda, esta vez con la legitimidad del sufragio popular.

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La decencia en política: los atributos de FREI

Víctor Barrueto
Ex-Presidente PPD

Todo candidato tiene cualidades y defectos. Llama la atención que no se destaque suficientemente lo que es, en mi opinión, el principal atributo de FREI: su honestidad, decencia y honradez, cosa no poca en estos días. Es cierto que FREI también es una persona auténtica y “seria” en el sentido de responsable, con gran capacidad de tomar decisiones, pero hoy me parece que lo más relevante sería lo señalado antes. ¿Por qué?

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Concertación

FALTA DE PROGRESISMO Y DE CIUDADANÍA LAS CAUSAS DE LA DERROTA - Guido Girardi

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Guido Girardi L.

Santiago, enero 2010

 

 

Normalmente las victorias electorales, cualquiera sea su signo, están relacionadas con las decisiones de una sociedad, que toma un giro hacia determinadas visiones valóricas o políticas.

 

Por ejemplo, los triunfos de Bush o Berlusconi, reflejan que fueron las sociedades americanas e italianas las que hicieron un giro hacia una visión más conservadora o neoliberal, permitiendo que quienes mejor representaban y comprendían sus valores triunfaran electoralmente.

 

Paradojalmente, la elección que acabamos de tener en Chile, muestra lo inverso. La sociedad chilena es hoy día más progresista que hace diez años, es más tolerante en temas valóricos como es el apoyo a la píldora del día después, el aborto terapéutico o la fertilización asistida; tiene profundos anhelos de cambio en materia económica y social, aspira a una sociedad más igualitaria y justa, tiene una alta valoración de la educación pública como el antídoto de la exclusión y la segregación social; es cada vez mas crítica a la concentración del poder económico, de la colusión de los grandes grupos empresariales chilenos; es partidaria de reponer derechos fundamentales como que el agua vuelva a ser de todos los chilenos, o que Internet sea un servicio público como el agua o la luz,, accesible a toda familia, independiente de su condición económica; quiere más protección ambiental y es favorable a más derechos para los pueblos originarios.

 

Más del 50% de la ciudadanía se inscribe en esta visión de la vida, por tanto, es necesario explicarse por qué la Derecha, que es minoritaria en la sociedad, representando una visión antagónica a una mayoría ciudadana, logra ganar las elecciones el 17 de enero. Los primeros síntomas de esto, se observaron el 13 de diciembre, cuando la Concertación, que había representado las visiones progresistas mayoritarias de los chilenos, se redujo a sólo el 29% del apoyo electoral.

 

Las causas son múltiples, a saber:

 

1- El triunfo del NO y la derrota de la dictadura se hizo sobre la base de una gran alianza entre una ciudadanía que anhelaba justicia social, libertad, protección de los derechos humanos, con organizaciones ciudadanas representadas fundamentalmente por movimientos estudiantiles, culturales, sindicales y partidos políticos, llegando a convocar a cientos de miles de hombres, mujeres y jóvenes a la tarea de recuperar la democracia, a pesar de los riesgos que eso representaba. Esta emergencia ciudadana se instaló como una causa propositiva, constructiva, que debía recuperar la dignidad y la felicidad de los chilenos. De ellos surgieron múltiples propuestas innovadoras, lúdicas, irreverentes, que le dieron a la lucha dictatorial un profundo sentido ético.

La conquista de la Democracia fue el resultado de una lucha ciudadana, pero al instalarse la transición a la democracia, se cometió tal vez uno de los mayores errores: desmovilizar ese activo social que era una fuente permanente de renovación e innovación, instaurando una concepción de cambio social y reforma de la sociedad, sólo desde el Estado y de los partidos políticos, pero sin la ciudadanía. Esto evolucionó en los últimos 20 años, hasta reconvertir a la Concertación en una coalición que se redujo a la suma de cuatro partidos, perdiendo toda capacidad de vínculo, conexión y comprensión de los fenómenos de cambio que ocurrieron y ocurren en la sociedad chilena. Lo que se traduce en un profundo desencuentro entre política, ciudadanía y sociedad.

 

La pérdida de esta relación, impidió que los partidos y nuestra coalición se nutriera de experiencias prácticas y liderazgos que emergían de las luchas ciudadanas que daban distintos movimientos como Pascua Lama, Patagonia sin Represas, Acción por los Cisnes, Movimientos contra la contaminación del Plomo de Arica, los usuarios de cheques en garantía, movimientos contra las antenas celulares, de animalistas, de pacientes con cáncer o de los movimientos digitales, entre otros muchos. La política chilena se perdió de inmensas oportunidades, ya que se refugió en instituciones anacrónicas y obsoletas, sin pulso ni latidos, transformándose muchas veces en defensora de intereses corporativos y enfrascados en luchas por el poder más que en una efectiva lucha por mejorar la vida de las personas. Mientras eso pasaba, en el mundo social se multiplicaban las iniciativas de defensoría de derechos ciudadanos, aparecían miles de liderazgos anónimos, desvinculados de los partidos y de la posibilidad de transformación que estas relaciones indicaban, mientras que la política se reducía a los mismos rostros y a los mismos liderazgos.

 

 

2- La Concertación nació como una gran fuerza progresista con una profunda vocación transformadora para poner en acción en Chile: valores progresistas, de justicia social, de igualdad, de libertad, de respeto a la diversidad, de respeto a la vida. Al votar por el SI y el NO, todos los chilenos sabían que en ello se expresaban dos visiones de la sociedad chilena absolutamente distintas y sin ambigüedades. Si bien la Concertación pasará seguramente a la historia como una de las coaliciones más exitosas de la historia de nuestro país, en la que se generaron avances profundos en los distintos ámbitos de la sociedad, en materia de equidad e igualdad, y se dieron pasos muy importantes hacia nuevas libertades y derechos ciudadanos, también será recordada por no tener la capacidad de renovar estas ideas , ideas que hace 20 años atrás eran exitosas y muchas de ellas lograron sus propósitos, pero que hoy están obsoletas.

Además, los mismos cambios y logros que acometimos, produjeron profundas transformaciones en la sociedad chilena, que vio ampliada sus posibilidades de acceder al consumo, acceso a la educación, a la cultura, con un claro mejoramiento de la calidad de vida, lo que aceleró un profundo proceso de reflexión de sociedad contemporánea, caracterizada por una apertura a un mundo global, con criterios de mayor exigencia por parte de la ciudadanía, y un profundo anhelo de perseverar en la construcción de una sociedad de mayor calidad. Al mismo tiempo, la sociedad se hizo más tolerante, menos machista, llegando al punto de que la mayoría de los chilenos comparte un ideario progresista, la mayoría de los chilenos quiere una sociedad más justa; concuerda con la necesidad de no vivir bajo el poder de los grandes monopolios, que hacen que todavía en Chile un emprendedor o un ciudadano tengan que pagar cuentas de luz, agua, telefonía, Internet, créditos bancarios, con tarifas e intereses más altos que en la mayoría de los países europeos o Estados Unidos. Aspiran a un país moderno, que no exporte sólo los comodities y explote los recursos naturales, sino que exporte la inteligencia, la creatividad y el emprendimiento de los ciudadanos, generando así una economía mas justa donde todos participan en ella y con mayor valor agregado.

 

En los últimos años hemos vivido la experiencia de que una parte de la Concertación, por la alta preeminencia y centralidad que ha tenido el debate económico y, particularmente, por la superioridad jerárquica que ha tenido el Ministerio de Hacienda, con una gestión sin contrapeso por parte de otros ministerios, particularmente de las carteras sociales, han antepuesto criterios economicistas, de rentabilidad de mercado, de respeto a la propiedad privada por sobre los derechos ciudadanos, el medio ambiente, la protección de la vida y mayor radicalidad en materia de protección social y de los trabajadores.

 

Dicho de otra manera, una parte de la Concertación se acomodó a la visión neoliberal y conservadora, renunció a defender la propuesta programática claramente progresista. Ello hizo que los últimos años muchos debates carecieran de una clara impronta con identidad progresista. Se avanzó por ejemplo en materias previsionales, estableciendo un pilar solidario, pero no logramos modificar mínimamente la estructura injusta de la industria de las AFP, ni vincular sus ganancias a la rentabilidad de los fondos ni a sus comisiones, tampoco se pudo modificar el sistema de nombramiento de directores.

 

El ministro de Hacienda no cumplió la palabra empeñada del Gobierno de enviar un proyecto sobre AFP Estatal. En materia educacional se privilegió la LGE por sobre un proyecto de fortalecimiento de la educación pública, que con gran fanfarrea y brazos en alto, fue el resultado de un acuerdo con la Derecha, donde no se distinguió quiénes eran los más entusiastas con esta Ley, pero dando finalmente una señal de que Chile tomaría el camino del subsidio a la demanda a la educación privada subvencionada; donde todavía se permite la selección de alumnos y el financiamiento compartido; el lucro por sobre el fortalecimiento de la educación pública.

 

 

De hecho, en la campaña presidencial, como partido, insistimos en la necesidad imperiosa de que la Concertación tuviera un giro hacia el progresismo, que hiciera suyos temas como la reforma tributaria, no sólo como un mecanismo de recaudación para financiar políticas sociales, sino como un gran instrumento para generar equidad e igualdad.

Señalamos la necesidad de sobreponernos a una situación odiosa, ya que Chile es uno de los países con una de las peores distribuciones del ingreso, donde el 10% más rico percibe casi 40 veces más que el 10% más pobre en ingresos, en donde tenemos una de las cargas tributarias más bajas en comparación con otros países, algo más del 17% del PIB, siendo que en países europeos esta sobrepasa el 40%; es una carga tributaria que no permite el financiamiento para saltar al desarrollo, con una inversión social suficiente y una sociedad de mejor calidad.

Al mismo tiempo, el tamaño del Estado, cercano al 21% del producto, es menos de la mitad del tamaño de los estados europeos, lo que genera un “chasis institucional”, además de su obsolescencia y anacronismo, que impide el tránsito hacia una sociedad moderna y desarrollada.

 

También en la última campaña parlamentaria, expusimos la necesidad de contar con desafíos programáticos, como revertir el proceso ilegítimo de privatización de las aguas que empezó con Pinochet en 1980, que hizo de Chile el único país del mundo en que las aguas son de propiedad privada, y apoyar una campaña de nacionalización del agua.

 

Señalamos la necesidad de fortalecer en profundidad y radicalidad nuestras propuestas sobre protección ambiental, derechos de los pueblos originarios, protección contra los abusos de AFPs y las Isapres, de los consumidores. Muchos de estos planteamientos quedaron varados por las múltiples presiones y falta de resolución al interior de la Concertación, lo que impidió lograr sintonía con la gran mayoría de chilenos y chilenas.

 

Esto cambió para la segunda vuelta, donde estos temas que habían sido rechazados lograron finalmente instalarse como temas prioritarios. Pero en el corto tiempo en que lograron desplegarse estas ideas y propuestas, que si bien lograron reentusiasmar a una parte importante del Progresismo, para muchos aparecieron más bien como propuestas que se hacían por un interés electoral más que por una convicción genuina.

 

No cabe duda de que una parte importante del electorado que se identifica con las ideas progresistas no encontró en la Concertación el domicilio de sus ideas y valores, y muchas ideas centrales de la identidad progresista, como la educación pública o la reforma tributaria, se veían mas bien como propuestas controvertidas y no como una clara identidad de centro izquierda. Esto provocó que estos electores buscaran ideas progresistas fuera de la Concertación.

 

3- Una de las grandes fortalezas de la Concertación fue que logró unir lo que se había separado y dividido. Logró una síntesis a partir de actores que habían sido parte de una de las más sangrientas y duras confrontaciones. Al unir en un mismo proyecto de país a sectores que provenían de la izquierda, que habían sido víctimas del golpe militar, con sectores humanistas cristianos que habían sido partidarios de éste, se reparó parte de lo que había sido una de las más dramáticas heridas en la historia de Chile. Pero no solamente se sumaron estos actores, también ciudadanos comunes, ambientalistas, mujeres, jóvenes, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, que habían tenido un protagonismo central en la lucha antidictatorial. Fue con ellos que se conformó la Concertación, uno de cuyos atributos fundamentales fue pensar Chile desde la diferencia, hacer de lo distinto una oportunidad.

 

El episodio de las primarias, lamentablemente cuestionó un elemento identitario y central de la Concertación, cual era la capacidad de unir y articular la diversidad. Al impedirse la participación de Navarro, de Arrate y de Marco Enriquez–Ominami, al cambiarse las reglas del juego que exigían el apoyo de 5 diputados para participar, por una norma en que los candidatos eran propuestos por los partidos, se ayudó y se le dio legitimidad a la salida de Marco Enriquez-Ominami de la Concertación para la presentación de su candidatura presidencial.

 

Frente a la sociedad chilena estos hechos aparecieron como un intento de sofocar e inhibir el debate, una actitud de intolerancia y exclusión para impedir que los nuevos liderazgos pudieran expresarse y participar. Lo anterior, finalmente, no hizo más que victimizar a Marco Enriquez-Ominami y terminar de erosionar los principios y valores fundamentales de la Coalición.

 

Parte de los cambios que han ocurrido en la sociedad mundial, pero también en la sociedad chilena es el fin de la era de la ideología cerrada, de los proyectos fundacionales de izquierda y de derecha. En ese escenario los centros cumplían un rol de articuladores, como bisagras de dos mundos incapaces de dialogar entre ellos.

 

Con el término de la Guerra Fría se inició un profundo cambio epocal de estas ideologías cerradas donde la política tenía un protagonismo central en la vida de las personas, casi religiosa. Se pasó a una política de valores y la ciudadanía abandonó lo público para refugiarse en una dimensión más personal y privada de la vida.

 

En esta sociedad se establecen diferencias en relación a valores, unos progresistas y otros conservadores. Los que adhieren a ala visón conservadora, en el plano económico social apoyan la preeminencia de la propiedad privada, la sobre valoración del mercado y del poder del dinero por sobre los derechos de los ciudadanos.

 

 

En el plano de la propia vida, la visión conservadora es la que intenta dictar cánones de comportamiento en materia de conducta sexual y reproductiva u otros aspectos vinculados a la bioética, como fertilización asistida, el aborto terapéutico, la muerte digna. Son dictámenes que cuestionan fundamentalmente el derecho de las personas a decidir en esas materias. La visión conservadora también se expresa en una concepción que pone al hombre en el centro del mundo y del universo, una concepción de que este sería el fin último y exclusivo de la evolución, negando la existencia, la riqueza y la importancia en el conjunto de los seres vivos y la biósfera.

 

La mirada progresista, en cambio, es la que pone en acción valores en el plano económico y social y se vinculan a la igualdad, a la solidaridad, a poner por sobre la propiedad privada y el mercado los derechos ciudadanos fundamentales: la vida, la salud, el medio ambiente. Es la mirada que se resiste a que estos derechos se supediten o sean rehenes del poder económico y le da al Estado un rol fundamental para garantizar los derechos ciudadanos. En el plano valórico, promueve la autonomía de las personas para poder decidir libres y soberanamente en todos los aspectos relacionados con la propia vida, y en el plano global promueve una visión biocéntrica de respeto a la vida, ecosistémica, y que pone en el mismo lugar, al mismo nivel, la ética de la vida con la ética del ser humano.

 

Además, el progresismo es una ampliación y superación positiva de la Izquierda tradicional, que de sus orígenes fundamentalmente igualitarista y puso énfasis en la solidaridad, pero los valores de tolerancia y respeto a la diversidad, al medio ambiente, a la vida, a tener una mirada más biocéntrica, sólo se hicieron parte del ideario de izquierda en los últimos 20 años. Por lo tanto la concepción progresista o izquierda moderna del siglo XXI, además de contener la historia y tradición de la izquierda, agrega estos nuevos valores centrales de finales de siglo XX e inicios del siglo XXI.

 

El intento de la Derecha chilena y de su candidato, de disputar la identidad progresista, no hace más que reconocer la derrota en Chile de la visión conservadora y optar por una actitud camaleónica en que se intenta enmascarar sus valores conservadores, una suerte de publicidad engañosa para confundir a una ciudadanía que es mayoritariamente progresista.

 

Esta estrategia de disputar el progresismo, sólo fue posible por la desidentificación que la Concertación tuvo respecto de estos valores, muchos de los cuales fueron virtualmente abandonados, permitiendo incluso a la Derecha poder plantear que ellos representaban casi lo mismo que la Concertación, pero con atributos de juventud, de entusiasmo, de vitalidad distintos. Una política de valores conlleva también a una nueva reflexión, a cambios profundos en la sociedad, a cómo se expresa la mayoría en la encuestas. Es una parte menor la que se identifica de centro-centro, de izquierda y de derecha, el resto, un 50%, no opta por ninguno de estos criterios. En cambio, toda la ciudadanía toma partido cuando se plantean temas de debate, cuando tiene que ver con definir identidades privadas conservadoras o progresistas, como píldora del día después, el aborto o el respeto a posturas sexuales distintas. También lo hace en el plano económico como nacionalización del agua o fortalecimiento de la educación pública, y en que la mayoría de los chilenos, enfrentados a estas disyuntivas, se definen por opciones progresistas.

 

En esta nueva ciudadanía que emerge, es importante reponer el valor de la identidad. Los ciudadanos buscan propuestas claras, apoyan la coherencia y la honestidad valórica. La opción concebida como la disputa por el centro tiene hoy menos sentido, porque implica muchas veces desidentidad pero también en estos grandes debates, que son los que movilizan el interés de la ciudadanía, existe más bien una bipolaridad y no tiene gran sentido en debates como el de la píldora, medio ambiente, los pueblos originarios, nacionalización, del agua, tener una postura de centro entendida como una postura equidistante frente a una visión progresista y otra conservadora.

 

Por lo demás, en el mundo entero la tendencia de la ciudadanía es a identificarse en términos de concepciones valóricas y no ideológicas, y es por eso que en todas las sociedades democráticas de los países desarrollados existe, por sobre la concepción de los 3/3 (centro, izquierda y derecha) una concepción bipolar: progresistas vs conservadores. Así en EE.UU. los republicanos versus los demócratas, en Francia los socialistas y Sarkozy, en Italia el Partido Democrático y Berlusconi, y en España, los socialistas y el Partido Popular.

 

Cada vez que las fuerzas progresistas han intentado disputar el centro tomando banderas conservadoras como son la preeminencia de ciertas políticas neoliberales y posiciones conservadoras en lo valórico, se ha generado un profundo proceso de desidentidad provocando un vuelco de los electorados hacia las posturas más claras, en una opción por los originales y no por las imitaciones o similares, como ocurrió en Italia, con Bertoni que centró la estrategia del Partido Democrático para derrotar a Berlusconi disputando el centro, igual situación que ocurrió entre el SPD alemán y la CDU de Merkel, o en Francia entre los socialistas Sarkozy, donde éste con una gran audacia, sorprendió incluso a la izquierda del Partido Socialista, liderando las propuestas valóricas, instalando en su gabinete mujeres jóvenes y personas hijos de inmigrantes.

 

Nuestra propuesta:

 

a) Refundar y reactualizar nuestra propuesta progresista. De modo que permita recuperar la identidad y volver a conectarse con el espacio político cultural que existe en la ciudadanía y que representamos. Que ésta perciba claramente en nosotros, sin ambigüedad de ningún tipo, el domicilio de sus ideas progresistas. Ello requiere que sin complejo, como existía hasta ahora, ni maquillaje, se ponga en el centro del debate, propuestas que son identitarios del progresismo como la educación pública, la carga tributaria equilibrada y justa, la nacionalización del agua, la píldora del día después, la defensa del medio ambiente y los ecosistemas, la defensa de los pueblos originarios, la nueva matriz energética limpia, las nuevas formas de protección social, una nueva Constitución, la protección y defensa de los trabajadores, entre otros muchos temas.

 

En la refundación de una fuerza progresista que sea mayoría en todas las discusiones, deben estar todos convocados: PDC, PR, PS, PPD, pero también los ciudadanos y movimientos que estuvieron junto a Enriquez-Ominami, Arrate y Navarro en la última elección presidencial. Aquí no deben existir censores que establezcan quienes son progresistas y nadie se puede arrogar la hegemonía del Progresismo, éste lo construimos entre todos. El único requisito o cedazo, es adherir y compartir una propuesta de contenido auténticamente progresista.

 

b) Refundar una fuerza progresista para Chile supone comprender y hacerse cargo del profundo cambio que vivió la sociedad chilena. Existe hoy un fuerte cuestionamiento a la forma de hacer política, que tiene que ver fundamentalmente con la exclusión de los ciudadanos y su marginación de la toma de decisiones. Los chilenos y chilenas no están dispuestos a ceder a los partidos el monopolio y la legitimad para que determinen ellos solos el país que queremos construir. Existe una inmensa necesidad de ser parte, de ser escuchado, valorado, respetado y ser protagonista en la conducción de un futuro común. Esto hace nacer una necesidad imperiosa de que cualquiera sea la forma de esta fuerza progresista, ésta se tiene que hacer sobre la base de una gran alianza de los movimientos sociales, las ONG’S, los actores legitimados de la sociedad. Que todos ellos aporten liderazgo, conocimiento, experiencia, prácticas, entusiasmos y pasiones que le pongan pulso, latido y épica a esta nueva coalición.

 

Es por ello que proponemos establecer una Federación entre partidos y movimientos ciudadanos de las más diversas índoles, como los movimientos de la nacionalización del agua, los defensores de los animales, los blogueros pro liberación digital, los que luchan contra las antenas de celulares, los que defienden a los consumidores, los usuarios de la salud, los defensores del medio ambiente como Pascua Lama, Patagonia sin Represas, Salvemos a los Cisnes., los movimientos indígenas, movimientos culturales, científicos, intelectuales, artistas, videistas, los Ciclistas Furiosos, los discapacitados, las mujeres, jóvenes y los regionalistas.

 

El Progresismo tiene la obligación de generar un proceso de recuperación ciudadana, establecer un nuevo trato y proyectar una nueva fuerza donde quienes se sientan convocados tengan voz y voto en las definiciones que deba asumir esta nueva coalición.

 

 

 

 

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El presidente del PPD, Pepe Auth analiza en CNN Chile el panorama político tras las elecciones y cómo la Concertación enfrenta la segunda vuelta presidencial.

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Participación de Pepe Auth en el programa Estado NAcional, de TVN. Habla sobre la segunda vuelta.

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