Partido por la Democracia (PPD)

De Progresistas y Regresistas - Mauricio Salinas

La necesidad de la derecha, que por definición representa intereses contrarios a las mayorías, de lograr el voto de ciudadanos que no se identifican con ella, ha llevado a la candidatura derechista y a su comando, a un conjunto de “jugadas”, destinadas a ampliar su base potencial de electores. Entre estas destaca lo que se ha llamado el travestismo, o sea el vestirse con ropa que no es la propia, que no es la que usa normalmente, o la que le corresponde.

Esto no es nuevo. De hecho, el candidato Lavín, se vistió, literalmente, en la campaña contra Ricardo Lagos, de ropajes variados, intentando lograr la identificación con su candidatura de los sectores que la ropa, (usada como disfraz) representaba. La sabiduría popular dice: “La mona, aunque se vista de seda, mona se queda “, o “El habito no hace al monje “

Pero esto no solo se hace físicamente, materialmente sino que también buscando imágenes, símbolos y conceptos que han correspondido tradicionalmente al centro y a la izquierda. Basta recordar, las fotos en el busto de Allende en Cuba, la estrella con el arco iris, la estética de la franja, etc.

Una de las operaciones más audaces en esto, por lo descarada, es la que ha hecho el candidato de la derecha, autoproclamándose “progresista”, cosa que ya había hecho F. J. Errazuriz, con su Unión de Centro Centro Progresista. Pero en esta discusión, que por la naturaleza del concepto tiene siempre una cierta ambigüedad, que se define históricamente y se concreta en cada sociedad, no hemos sido, en mi opinión, lo suficientemente claros, para explicar porque, Piñera y la derecha no pueden arrogarse dicho titulo.

Quizás esta falta de claridad obedezca a lo que pareciera ser al mismo tiempo la razón por lo que Piñera se permite este atrevimiento: la denominada “política de los consensos” ha llevado a algunos, a pensar que lo adecuado siempre es el consenso y cualquier cosa que marque las diferencias, atenta contra la estabilidad del sistema, lo que ha hecho, también, que quienes deben cambiarlo, se transformen en sus defensores. Esto ha generado la perversión de presentar ( y a veces sentir), al acuerdo negociado, no como lo menos malo, dentro de lo posible, sino como lo optimo, en términos absolutos, celebrándolo, a veces patéticamente. Esta práctica, conduce a un estado de cosas para la cual la sabiduría popular tiene un dicho, “Las cosas que por sabidas se callan, por calladas se olvidan”. Quizás esto también explique, también, la irrupción de Marco Enríquez-Ominami y su significativo resultado electoral.

Porque en definitiva, ¿Que significa hoy ser progresista en política?

El requisito básico para tener ese calificativo es luchar por implantar una sociedad de ciudadanos, que se aleje (hoy) de la idea de la sociedad de consumo y de consumidores, (alguna vez se opuso a las sociedades estamentales, con siervos y vasallos). Una opción política que luche y defienda el derecho a la ciudadanía, “el derecho a tener derechos”, es decir por el derecho inalienable a ser parte de una comunidad política. Pero esa es solo una condición necesaria, pero no suficiente: para ser, con propiedad, progresista. Son progresistas quienes aspiran, trabajan y luchan por transformar la sociedad de que se trate, para hacer de ella y del mundo, una comunidad política en que estén consagrados adecuadamente los derechos humanos, y a su vez, el orden social, económico, político y cultural, permita y asegure, el ejercicio concreto de todos ellos por todos los ciudadanos. Por esto es tarea progresista imperativa cambiar la Constitución Política de Pinochet.

Por ambas cuestiones, Piñera en particular y la derecha en general no son, ni pueden ser llamados progresistas. Parte significativa de la derecha fue cómplice o directamente autora, de las dos negaciones básicas de la condición necesaria para ser progresista: por un lado, la muerte física y por otro, la muerte política, colocando en condición de apatridas y exiliados a significativos contingentes de compatriotas (con-ciudadanos). Esta es la razón de fondo por la que la derecha se niega a conceder el derecho esencial de la ciudadanía, el derecho básico al ser parte de una comunidad política: el derecho a voto de los chilenos que viven en el exterior y al mismo tiempo se propone hacer posible, con la ayuda de algunos concertacionistas, la renunciabilidad de la esencia de la ciudadanía, el voto.

Pero no solo niegan la condición básica, sino también su complemento inesquivable; el conjunto de los derechos humanos, ya sean civiles, políticos, económicos, sociales, culturales, medioambientales o comunicacionales, al pretender que estos no deben ser obligaciones de la comunidad política, en sentido estricto, y por lo tanto negarse a su adecuado establecimiento constitucional, manteniendo la formulación de la dictadura, e impidiendo las transformaciones necesarias en la sociedad, para que su ejercicio por todos no sea una ilusión. Es decir transformándolos en mercancías disponibles ( en el “mercado” ) solo para quienes puedan pagarlos, o sea una sociedad de consumidores. Por eso defienden el lucro en la educación, la salud-mercancía, el trabajo precario y así por delante. Porque derechos, significa el establecimiento de ellos por el sistema `político, que en democracia significa un ciudadano un voto, es decir, hace valer lo mismo el voto del ciudadano rico que el del ciudadano común. Esta es la expresión de la igualdad esencial como seres humanos, no la del mercado, que entrega la comida no al que tiene hambre, sino al que puede pagarla. Brutal ejemplo era el cheque en garantía. Por eso no son progresistas. Son realmente REGRESISTAS, es decir su ideal es volver, tal como lo dijo el encargado programático de Piñera, C. Larroulet hace un tiempo, es regresar a la época en que el Estado estaba solo al servicio de la seguridad publica (entendida como el resguardo de sus bienes privados), al estado gendarme, sin intervenir o sea sin regular, dejando librada a la fuerza de cada uno, la suerte de las personas. Para que prevalezca, la ley del mas fuerte, como lo saben muy bien los trabajadores, los micro, pequeños y medianos empresarios, los dueños de farmacias independientes, los comerciantes fuera de las grandes cadenas, los independientes, los agricultores con las exportadoras y los grandes supermercados, y un largo etcétera. Etcétera que solo se detiene ante los poderosos, porque en su ideal de sociedad, prevalece, en todos los ámbitos, como expresión de la crueldad, según el presidente Aylwin, esa, la ley del mas fuerte, la ley del mercado libre, o sea sin control. Son claramente REGRESISTAS

Mauricio Salinas Escobar

Abogado


 

 

 

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El presidente del PPD, Pepe Auth analiza en CNN Chile el panorama político tras las elecciones y cómo la Concertación enfrenta la segunda vuelta presidencial.

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Participación de Pepe Auth en el programa Estado NAcional, de TVN. Habla sobre la segunda vuelta.

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